La fuerza de la gracia en la Jornada Mundial de la Juventud

El Papa Francisco va desgranando su pastoral con paso firme y seguro. Habla del matrimonio indisoluble porque está enraizado en la gracia. Y les habla a los jóvenes de esa fuerza de la gracia que todo lo supera, que les lleva hacia una vida plena arraigada en Jesucristo. En esta visita a la tierra de Juan Pablo II conquista el corazón de los jóvenes con la misma naturalidad con la que ofrece la doctrina de la Iglesia. No al aborto, si a la vida. Proclama bien alto.

Y vuelve a pedir la fuerza de la gracia para todos. ¿Qué seríamos sin ella los cristianos?. Nada, absolutamente. Es la gracia la que opera en todos los corazones reunidos ante el altar; es la gracia la que mantiene firme un matrimonio que hace aguas; es la gracia la que aspira a la santidad de vida, no como algo ñoño sino como el que sabe que elige la mejor partida, la de la plenitud.

Y les habla de la Misericordia, ese abrir las puertas para dar cabida al otro, al diferente, al necesitado. Les llama a ser misioneros de la Misericordia y cambiar el mundo con su apostolado. ¿Es posible este cambio?. Nada es imposible para Dios.

Estos masivos encuentros juveniles, hacen de la fe una llama que se agita en el mundo y le interpela. ¿Cuántos de ellos viven su fe arraigada en la oración y los sacramentos?. ¿Cuántos recorren esta aventura como una oportunidad de viajar barato?. Son preguntas que nos surgen al verles allí reunidos. Porque ciertamente con un millón de jóvenes creyentes se puede hacer mucho bien en el mundo.

“Cuando hay amor un gesto lo arregla todo”, dice el Papa. Y en verdad sus gestos llevan el sello de la entrega desinteresada. Está conquistando el corazón de los jóvenes del mundo, con su lenguaje llano y removiendo conciencias con su pastoral de la Misericordia.

Habría que analizar sociológicamente estos encuentros. Lo que supone para la Iglesia que se manifiesta vital y con savia nueva en sus venas. Las generaciones de la Jornada Mundial de la Juventud lo saben bien, después de aquello la vida sigue, pero el encuentro perdura en la memoria. Y serán los jóvenes quienes llevados por el distintivo y la divisa del amor, remuevan los cimientos de la sociedad. Son ellos quienes si se mantienen firmes en la fe, la gracia hará el resto.

Como Juan Pablo II se dirige a los jóvenes y les interpela, les hace preguntas, les remueve por dentro. Sí, Francisco es un Papa para el encuentro con los demás a pie de tierra, sin formalidades. Es un Papa de andar por casa. Su trabajo lo ha puesto en la denuncia profética y en la arenga al mundo. Aunque esa misma naturalidad le juegue malas pasadas, con frases que parecen decir lo que no dice.

Pongámonos a rezar para que estos jóvenes den fruto abundante de santidad en el mundo, son como el rocío de la mañana, frescor revitalizante del que andamos muy necesitados.

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Acerca de Carmen Bellver

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