Los gozos del verano

El verano transcurre y en principio ahí estamos aprovechando la canícula para realizar obras en casa, la pintura y la limpieza de habitaciones y armarios. Es también un buen momento para cambiar de actividad y dedicarte a lo que más te gusta, la lectura, la escritura, el paseo matutino, la playa, el campo. Hay variedad de posibilidades. Y el día transcurre inexorable con su veinticuatro horas, de noches sofocantes de calor y días cargados de calima.

Es momento de fundir los lazos familiares con visitas postergadas durante el año. Nada mejor que retomar el solaz del verano en una mesa compartida con otros. Y hete aquí que mientras dedicas el tiempo a llenarlo de otras ocupaciones, las preocupaciones se difuminan. Las cosas verdaderamente importantes se vuelven cada día más sencillas y comunes.

Aparcas por un momento el contacto con el mundo exterior, dejas de leer las noticias, desconectas del telediario y observas que todo sigue igual, pero mejorado, sin esa mala baba que se reconcome cuando la crónica diaria te amarga la comida. Y así, van pasando los días, con mayor rapidez de lo que desearías.

Hay quien sufre de adicciones, trabajadores de veinticuatro horas, currantes de siete días a la semana. A todos ellos se les recomienda un parón. La conquista social de las vacaciones o la jornada de cinco días semanales, es un logro que hay que saber disfrutar. Y quien vive constantemente aturdido por una ocupación sin parones, termina por agotarse.

Y hay quien sufre la ansiedad del ocio como una fiebre estival que le supera, el ajetreo de copas y noches locas parece que es la tónica sin la que el verano no sería lo mismo. Otros en cambio viven esa necesidad de salir de casa de viajar hacia donde sea, de perderse entre las obras arquitectónicas de una ciudad con glamour, Dicen que viajar es la mejor de las opciones. Entre todas como mucho el cambio de geografía beneficia la sinapsis cerebral. !Qué cosas oigan!.

Yo por lo pronto desconecto a la buena de Dios para conectarme a otras redes. La del silencio interior es tan necesaria que muchos no saben disfrutar de la misma. Ese silencio que se vuelve oración y diálogo, reflexión sobre una misma. Ese silencio que es tan fructífero a posteriori cuando descubres que en el exterior todo es ruido y caos.

Hay una actividad de esfuerzo contenido y natural que es beneficiosa para el organismo, me refiero a subir una cima de montaña por el sendero escarpado de sus laderas. Una vez alcanzado el objetivo, respirar oteando el horizonte con la mirada es todo un gozo. Ese mismo esfuerzo también lo sufren con mayores dosis de adrenalina los jugadores olímpicos que van a sacrificar todos sus años de entrenamiento en una prueba de gloria o fracaso. Y sin embargo lo dan todo por bueno, incluso no llegar a la meta, superar su propio récord es suficiente. Es el reto de competir para alcanzar una cima añorada.

Pues bien, en este verano políticamente incorrecto, con esa espada de Damocles pendiente del país que no sabe si va a repetir elecciones, nada como olvidarse de todo aquello que nos ata o esclaviza, para lanzarse de lleno en un ocio sano y revitalizador.

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Acerca de Carmen Bellver

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