Consumismo efímero

Pasar a escribir directamente en el ordenador fue una situación que nunca pude imaginar. La hoja en blanco suponía correcciones, subrayados, tachones. Algo que no se permite en el ordenador, donde un simple cortar o copiar y pegar, soluciona el engorroso proceso anterior.

Me digo a mí misma que no se escribe igual a mano que en el PC. Porque entre otras cosas la inmediatez del teclado permite el vuelo de la imaginación y se transcribe en el acto, mientras que la mano demora su trazo por minutos.
Sin embargo ya no podría volver al pasado y coger la pluma para deslizarla sobre el papel con mis pensamientos. Hoy ya no hay cartas que escribir, todas se realizan por e-mail, de manera que los niños aprenden directamente la mecanografía como nosotros aprendíamos a juntar letras.

Me gustaría disponer de estudios sobre el tema. Sé que Javier Marías no ha sucumbido al teclado y todavía escribe a mano. ¿Cuántos otros seguirán sus huellas?. Yo diría que la mayoría ya escribe directamente en la pantalla, corrige sobre la marcha y no utiliza papel ni pluma o boli. Tal vez siga redactando una pequeña sinopsis de lo que se quiere escribir. Tal vez, pero lo dudo. Cada día se acomete el papel en blanco y se pasa a llenarlo con prontitud sin demasiados esquemas previos.

Esa inmediatez tiene algunas virtudes, por ejemplo la frescura del pensamiento volcada con rapidez en la página. Y otros defectos, ese mismo pensamiento no madurado, puesto a la vista sin un repaso. Pero es el sino de nuestro tiempo que traspasa a velocidad nuestras vidas, con un simple clic alcanzamos miles de datos y con un simple clic borramos de la memoria aquello que no nos gusta. Ya no se rompe papel, se envía a la papelera del ordenador y desaparece todo lo que nos molesta.

Esta situación es extraña, al tiempo que tiene beneficios para el medio ambiente que no debe reciclar miles de hojas al año. Se imaginan si tuviéramos acceso a esa papelera, cuántas hojas desechadas, cuántas fotos suprimidas, cuántas imágenes que pasan al vacío de la existencia sin más.

Esto da para un pertinaz pensamiento filosófico, todo se vuelve volátil y efímero en nuestra sociedad. Pasan las noticias a la velocidad de la luz, pasan las hojas maduradas en soledad a una exposición que apenas pervive en la red, engullida por miles de otras miradas expuestas en la pantalla de los digitales.

Lo efímero cobra carta de naturaleza. Pensaba que llevo escritos en religión digital 2775 artículos de diversa índole. Y que se deslizan hacia la nada, el vacío, engullidos por sus hermanos más recientes. La memoria se vuelve también frágil y no queda nada de lo dicho, clasificado en el archivo del blog. Es verdad que algunos son rescatados por ese buscador mágico que es el google y leídos años después de ser escritos. Pero la fragilidad de su existencia está sacrificada a la inmediatez.

Este mundo de hoy, consume su dosis de pensamiento y noticias que pronto se verán relegadas por otras de igual calado y olvidadas casi de inmediato por todos. Antes las revistas permitían coleccionar ejemplares y releer aquello que más nos gustaba, hoy ya no es posible, estamos condenados irremediablemente a un consumismo efímero.

Acerca de Carmen Bellver

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