Los veinte misterios del rosario

Que poco se habla del rosario en estos tiempos de postmodernidad y meditaciones zen, estados alterados de conciencia y otros métodos de oración. El rosario se ve como cosa de viejas, almas antiguas, rutinarias, metódicas. Y no se observa la profundidad de sus veinte misterios: con sus estaciones de gozo, gloria, luminosos y de dolor. Porque el Papa Juan Pablo II añadió los misterios luminosos y desde entonces los jueves tienen otro color, nos hablan del Bautismo de Jesús, de las Bodas de Caná, del inicio del Reinado de Dios, de la Transfiguración y de la Institución de la Eucaristía. De este modo esa pequeña rutina de rezar padrenuestros, avemarías y glorias, se convierte en una meditación de los pasos más importantes que Cristo dio sobre la tierra hasta su ascensión a los cielos.

Es curioso que la Virgen María en sus numerosas apariciones haya promocionado el rezo del rosario. En Lourdes siempre se les instaba a los videntes a la oración de esta devoción que a Santa Teresita del Niño Jesús se le hacía insufrible. La mística volaba en otros rezos, pero el rosario le suponía un gran esfuerzo personal. Sin embargo ahí tenemos a Benedicto XVI que suele rezarlo mientras pasea acompasando las avemarías y los padre nuestros con el gloria.

Un método infalible de oración que tiene prometidas numerosas gracias para quienes lo practiquen. Gracias que alcanzan también a aquellos por cuyas intenciones sea rezado, tanto difuntos como vivos. Pero insisto, que tiene mala prensa. Que ha sido denostado como rezo infantil y mojigato. Nada más alejado de la realidad, vuelvo a recordar que el rezo del rosario nos lleva a meditar los pasos más importantes de Cristo y que las oraciones utilizadas son las más importantes de la Iglesia.

Eso no quiere decir que yo esté ahora haciendo un pulso con otro tipo de oración, como la meditación o la mental. De ninguna manera no es esa mi intención, pero me gustaría rescatar el rosario del pozo donde algunos lo han abocado. Tanto es así que muchos ni siquiera saben que son veinte misterios y no quince. Tampoco lo aman que ni siquiera lo recomiendan y no hay mejor antídoto para una noche de desvelo que la monótona recitación de esas avemarías para recuperar el sosiego y el sueño.

También es un buen compañero de viaje que hace recorrer distancias con presteza. Basta su recitación acompasada por un buen ritmo de respiración para que el paisaje se diluya entre los dedos. Les dejo sus misterios como muestra de la profunda meditación que conlleva acompasar padrenuestros, avemarías y glorias con los principales sucesos del Evangelio, mostremos su arraigada meditación en la vida de Cristo:
Lunes y Sábado: Gozosos

Primer misterio: La anunciación del Angel a María y Encarnación de Jesús.
Segundo misterio: La visitación de nuestra Señora María a su prima Santa Isabel.
Tercer misterio: El nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
Cuarto misterio: La purificación de la Virgen María y presentación de Jesús en el Templo.
Quinto misterio: El niño perdido y hallado en el Templo.

Jueves: Luminosos

Primer misterio: El bautismo de Jesús en el río Jordán.
Segundo misterio: Jesús y María en las bodas de Caná.
Tercer misterio: Jesús anuncia el Reino de Dios e invita a la conversión.
Cuarto misterio: La Transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Quinto misterio: La institución de la Eucaristía.

Martes y Viernes: Dolorosos

Primer misterio: La oración de Jesús en el huerto
Segundo misterio: La flagelación, los azotes a Jesús
Tercer misterio: Coronación de espinas a Jesús
Cuarto misterio: Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario
Quinto misterio: Crucifixión y muerte de Jesús

Miércoles y Domingos: Gloriosos

Primer misterio: La Resurrección de Jesús
Segundo misterio: La Ascención de Jesús al Cielo en Cuerpo y Alma
Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles de Jesús
Cuarto misterio: La Asunción de la Virgen María al Cielo
Quinto misterio: La coronación de la Virgen María como reina del Cielo y de la tierra

Tengo que confesar que yo me suelo saltar las letanías y que sólo rezo los misterios del día. Pero alguna vez he completado el ciclo de todos sus misterios. Espero que María en su misericordia ruegue por mí.

Sólo me queda instar a mi fiel lector a su rezo diario, asegurándole que en todo momento sentirá la protección de María como intercesora nuestra.

Acerca de Carmen Bellver

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