Teresa de Calcuta: la santa de los pobres

La subida a los altares de Madre Teresa de Calcuta nos deja a todos preguntándonos que es aquello tan significativo en el cristiano que le hace santo. Porque no es que la Iglesia sea una fábrica de santos, sino que la santidad forma parte de la misma Iglesia, en sus cristianos de a pie. Aquellos que pasan tantas veces desapercibidos, aquellos que sólo han hecho de su vida la obra de Dios.

Y los caminos del Señor son inescrutables, ya dice que habrán últimos que serán los primeros, lo cual nos debería sacudir hasta la ansiedad. Porque nada hay escrito sobre como pasar por la puerta estrecha, salvo el camino que nos mostró Cristo. Un camino que termina en el fracaso de la cruz y afortunadamente para el cristiano se prolonga con el triunfo de la Resurrección.

Ya decía algún autor que deberíamos aplicarnos a “la conversión de los buenos”, que es tanto como decir de los tibios, los rutinarios, los fieles de toda la vida. Parece que es más reconocido un gran pecador en el cielo que un buen hombre en la tierra. Por esas cosas que tiene el Evangelio así se nos vende la historia. Y es que la comodidad hace estragos, el sacerdote funcionario es una lacra en la sociedad, pero el fiel de cumplimiento rutinario no deja de ser más de lo mismo.

Y sin embargo, cuando descubrimos la andanzas de los místicos vemos que todo consiste en cumplir la voluntad de Dios y encontrar esa voluntad es el camino que debemos recorrer a lo largo de nuestra existencia. De manera que podemos tener una mujer como Madre Teresa que a fuerza de voluntad siguió siendo fiel a Dios, aún cuando en su interior se cernían las sombras de la noche más oscura.

Eso hace grande a esta santa de los pobres, mucho más que su obra, que se realizó con la ayuda de muchos voluntarios y fue expandiéndose hasta superarla a ella misma. No se trata de lo mucho que hizo con los pobres, sino de cómo lo hizo, con humildad, con vocación de servicio.

Llega a los altares avalada por un milagro, como suele ser el caso de todos los que gozan la gloria de Bernini proclamándolos bienaventurados. Pero su historia es la de una opción personal a favor de los más necesitados, dejando una vida cómoda en un Colegio de Calcuta, para limpiar con sus manos las heridas de los parias de la sociedad.

La fortaleza que la mantuvo en esa dirección nos muestra que sentía la voluntad de Dios en su trabajo. Sin embargo tenemos otras santas que no se movieron de los muros de una población, como Santa Teresita de Lisieux, que pasó su corta estancia en esta vida rodeada de las tapias del convento. Y que sin embargo es considerada patrona de las misiones.

Pongamos que el caso no está tanto en hacer, sino en cómo hacer las cosas. Pongamos que la obra de Dios es dejar que El actúe en nosotros transformándonos aunque nuestra vida no sea tan significativa como la de Madre Teresa. Aunque nuestra obra sea pasar desapercibidos a los ojos de los demás. El resto forma parte de la historia.

Acerca de Carmen Bellver

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