Debate de investidura: el sueño de una noche de verano

Finalizando el mes de agosto. La tierra tembló en Italia; la decadencia política se huele en el horizonte; el mundo gira sobre su eje y la ración de bien y mal queda repartida desigualmente en el planeta tierra.

Afortunadamente los cristianos somos sembradores de esperanza. Creemos que el bien triunfa sobre el mal, incluso cuando las cosas nos vienen torcidas. Esa es la esperanza que mantiene en firme el porvenir. Suceda lo que suceda esta tarde, la gente seguirá sus rutinas cotidianas y ningún cataclismo nos va a amargar el futuro.

Porque hay futuro más allá de los desencuentros entre líderes ávidos de poder. Hay futuro, allí donde se mueven entre bambalinas las cotizaciones bursátiles que oscilan sin que sepamos muy bien el por qué. Hay futuro cuando por encima de los desastrosos desencuentros de nuestros políticos la mayoría social pide un pacto de estabilidad, un gobierno y unas premisas para construir sobre roca.

Se desvanecen los sueños quiméricos y aparecen a groso modo los números fatídicos que nos obligan a llegar a un acuerdo en los presupuestos, salvo que queramos vernos ahogados en la miseria.

Cómo echamos en falta estadistas de nivel, filósofos de altura, políticos con sentido de estado. Pero mientras la vida sigue inexorable y cada día tiene su afán y basta que podamos alimentarnos y sobrevivir para que la paz social siga su curso. Pero cuando la miseria sea acuciante, ay de las revueltas provocadas o surgidas espontáneamente como una espita que se abre a la locura.

Yo creo que las oraciones de los fieles pueden hacer cambiar el rumbo de España, me confieso con fe pese a mi escepticismo racional que me dice por otro lado lo oscuro que está el panorama. Pues pese a todo, preveo un porvenir a la vuelta de la esquina. Siempre y cuando se renuncien a los juegos sucios y a dejar que las cosas se pudran para provocar un levantamiento de indignación entre los votantes.

Estén ustedes atentos a ese juego de espejismos en el tablero de ajedrez donde quien tiene más capacidad de adivinar jugadas es ganador seguro.

Y por favor que alguien les diga a los políticos que la ingeniería social no es un pacto de estabilidad con vocación de continuidad. Hay quienes no renuncian a sus principios, lo hemos visto en Polonia, en Francia, en Colombia. La gente todavía sabe que está bien y mal. Y no dejará que sus hijos sean llevados hacia el precipicio de la colonización mental.

Si además se sabe hacer juego económico, puede que encontremos entre todos esa política que ya no es de derechas o de izquierdas sino de construcción de una civilización más firme y sin fisuras. Pero para ello tienen que caer muchas vendas de los ojos que ahora están cubiertos. Oremos porque así sea.

Acerca de Carmen Bellver

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