Voces y silencios

La muerte no tiene la última palabra y sin embargo cuando nos golpea cerca, se lleva algo que forma parte de nosotros. He visto desvanecerse la vida de Emilio Pinto con un sentimiento de congoja interior. Nadie se ha molestado en recordar su presencia en éstas páginas, pese a que publicitaron su libro. Es la gloria efímera de la red, que igual te encumbra que te deja oculta en el listado de blogs, sin más proyección que aquella que te dan tus fieles lectores.

He visto también irse por la puerta de atrás al padre Fortea, por motivos que no vienen al caso, quiso marcharse y sin embargo sigue publicando dentro del ostracismo de no ver sus post en ningún lugar. Es algo que no entiendo pero que obviamente respeto.

Cuando suceden cosas así, es inevitable que surja la reflexión. Porque dejamos mucho de nosotros en aquello que escribimos, y ver que todo es humo y vanidad, te deja un sabor amargo en la boca. Efectivamente no podemos escribir para proyectarnos por encima de nadie, nos debemos a nosotros mismos. Eso lo sabía bien Emilio Pinto que luchaba por promocionar sus novelas. También lo sabe el padre Fortea quien con su metódica constancia sigue dejándonos sus pensamientos.

Y yo me resisto a seguir en esta línea seguramente porque todavía no he llegado al fin de mi capacidad para analizar lo que pasa. Sabes que nadas contracorriente y que casi no tiene sentido seguir así. Esperemos que las redes no corten el vuelo a este post, por no ser políticamente correcto, dentro de esa colonización mental que hoy existe.

En cualquier caso seguiré dando mi punto de vista sobre los temas de actualidad social. Entre los que como no puede ser de otro modo está presente la destitución de un cura por el obispo de Getafe. No nos gustan las actitudes prepotentes, pero la obediencia que se debe a un pastor es algo que prometen solemnemente los sacerdotes. Que se salgan de tiesto para cuestionar a su obispo parece que es hoy moneda corriente. Veinte años en un lugar son muchos años, los suficientes para que la poltrona de la comodidad o de las relaciones sociales hagan perder de vista que el sacerdote es un siervo al servicio del pueblo de Dios.

La defensa del buen nombre del sacerdote me parece un acto de fidelidad por parte del Consejo Pastoral, pero también lleva un aguijón venenoso hacia el obispo. ¿Cuál es su posición querido lector?. ¿Debemos cuestionar las decisiones de los superiores o sencillamente nos montamos un acto de protesta pública y mediática para sentirnos víctimas y agredidos?.

Hoy que canonizan a la Madre Teresa de Calcuta que supo vivir en fidelidad a Dios pese a su sequedad interior, esa noche oscura de más de cincuenta años. Nos recuerdan sus escritos que se dio del todo a la voluntad de Dios para sentirse como los abandonados de la sociedad, pobre entre los pobres, con el sufrimiento del abandono de Dios en su interior, pero siendo fiel a la llamada, a la oración, al servicio.

Qué ejemplo más diferente de quienes montan discordias en los medios para llamar la atención sobre su caso y por el camino dejar a los pies de los caballos a su obispo.

Acerca de Carmen Bellver

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