Caer en gracia

Todos nos preguntamos en ocasiones por qué caemos o no en gracia. Es algo que se palpa en el ambiente, caes bien o mal a la gente y no depende tanto de lo que hagas o digas, parece que actúa un instinto visceral que hay oculto en nuestro interior. Caer en gracia es fundamental en nuestras relaciones sociales. Pero bien visto caer o no en gracia depende de muchos factores. Uno de ellos es la empatía, esa virtud oculta que hace alterar la química de nuestro cuerpo y por la que nos sentimos atraídos hacia otro.

Aquí todavía estamos en el proceso de caer en gracia, que no tiene nada que ver con ser gracioso, aunque a algunos se lo parezca. La gracia o don de comunicarnos con los demás es una habilidad social y también una cuestión innata. Hay gente que es el alma de las reuniones, que tiene chispa natural y que no es el típico plasta que va gastando bromitas de mal gusto. Pero no por eso cae en gracia.

Caer en gracia es estar bien con el otro, conectar con la mirada o con la sonrisa. Y para un educador es casi una obligación enseñar en las relaciones sociales que no todos nos caen bien, pero que eso de caer en gracia es un don indescifrable que algunos llevan incorporado como la inteligencia o la belleza. Un misterio más de la vida, aunque sabemos que puede educarse la inteligencia emocional. Que haría brillar nuestras cualidades en situaciones de conflicto.

Y aquí viene la cuestión de estar en gracia, que es algo diferente pero que tiene cierto componente divino que nos hace estar a bien con Dios y con los demás. Que nos hace estar en paz aún cuando se encuentren las discordias a nuestro alrededor. De manera que para un creyente estar en gracia es la máxima aspiración de su vida diaria y caer en gracia sería una cuestión secundaria, agradable si se quiere, pero totalmente prescindible.

¿Por qué comento estos detalles?. Pues porque estamos a inicio de curso, se nos presenta un abanico de personas nuevas con las que tomamos contacto. Y algunas nos caen en gracia, otras se hacen las graciosas, y las más puede que nos resultan más indiferentes. Porque la empatía con las personas no se cuece a golpe de una mirada aunque algunos se crean tan listos para juzgar al otro por su porte o su simpatía.

Por eso la gracia tiene más importancia que caer en gracia. En definitiva estar bien por dentro es lo que nos deseamos en cada Eucaristía al darnos la paz. Nos vamos convencidos de que pedimos que nos libren del mal y que la paz de la gracia inunde nuestros corazones.

Acerca de Carmen Bellver

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