El vaivén de la cuerda floja

Ya es difícil que la empatía surja cuando existen rencillas, difamaciones, malos entendidos. Pero lo cierto es que no hay nada más absurdo que intentar convencer con el diálogo a quien no quiere dialogar, a quien tiene sus esquemas preestablecidos. Entonces solo queda el derecho de la réplica expuesto con educación, intentando convencer, que no vencer. Porque en el diálogo lo que se pretende es el mutuo entendimiento.

Me hablan de situaciones incómodas en sitios de trabajo, de prepotencia, de abuso de confianza. Y siempre quedan dos posturas antagónicas, la del contrincante que ataca y aquel otro que se repliega sabedor de que tiene la partida perdida.

En un mundo de lucha ingente por el liderazgo hay algo que no funciona cuando se estropea el diálogo, cuando no hay escucha, cuando todo está prefigurado.

Vamos a establecer un paralelismo con nuestros partidos políticos que no llegan a ningún entendimiento, que mantienen sus trece por bemoles y que desean ante todo ganar al contrincante por encima de apostar por el bien común de la sociedad.

Vamos a establecer similitudes con quienes están dispuestos a romper esquemas y que sea lo que Dios quiera, pero no ofrecen soluciones, solo dictaminan sentencias con la prepotencia de poder.

En un mundo así es difícil sobrevivir para los más débiles, para quienes no tienen resortes de supervivencia. Se bloquean las salidas y se cae en el vacío más ignominioso, en la soledad más abrupta. Y cuántos de éstos pobres seres malviven cada día con su debilidad a cuestas, dependiendo siempre de la buena voluntad de los demás, porque no son capaces de lanzarse en tropel al ataque y dar estoque allí donde se debiera.

Pues nada, configuremos un mundo mejor donde la realidad no supere a la ficción. Un mundo de buenas voluntades. ¿No es eso lo que soñamos todos en el fondo de nuestro corazón?.

Hoy que es el día del Alzheimer recordamos como la memoria se desvanece para muchos seres queridos, como el olvido toma el relevo al pasado, como se inicia ese vaivén en la cuerda floja con despistes sin importancia, que formarán parte de una cadena cada día más horrorosa. Para todos ellos mi abrazo fraterno, sé cuál ha sido su infierno y el de sus familiares directos, el mismo que se agazapa en la debilidad de los pobres, que siempre dependerán de otros para sobrevivir.

Acerca de Carmen Bellver

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