Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies”

Los discípulos de Jesús no fueron exclusivamente los doce apóstoles. Le seguía una multitud ingente de hombres y mujeres. En el pasaje de hoy Lucas 10, 1-9. El Señor envía setenta y dos a todos los pueblos y lugares donde pensaba ir Él. Y hace dos advertencias: primero que hay que rogar para que “el dueño de la mies mande obreros a su mies”. Y luego le sigue una imprecación: “¡Poneos en camino!. Mirad que os mando como corderos en medio de lobos”.
Resulta fácil deducir que siempre hay que orar antes de emprender cualquier misión, al mismo tiempo que sabemos de nuestra debilidad ante los poderosos del mundo. Pero no parece que debamos preocuparnos en exceso de lo que vaya a suceder. Nosotros a lo nuestro: Comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid “Está cerca de vosotros el reino de Dios”.

De manera que en este mundo caótico la Evangelización va de la mano de la misericordia con los más necesitados, de la oración y de la plena confianza en la voluntad de Dios. Esas premisas son imprescindibles. Por eso resulta desolador que se pueda estar llegando a hablar de la Iglesia como una gran ONG, restándole el poder salvífico de su mensaje.

Estamos a un paso del DOMUND, la pregonera oficial en Barcelona ha sido una atea confesa y sin embargo, sus palabras rebosaban admiración hacia esas personas que lo dejan todo para servir a los demás. Esas personas que al contrario de otras organizaciones no gubernamentales, en los momentos más difíciles de una país, jamás lo abandonan, porque deciden correr la misma suerte que el pueblo al que se han entregado.

El cardenal Cañizares con motivo del Nuevo Proyecto de Pastoral Evangelizadora decía: El evangelio afecta a todas las zonas de la vida, y tiene la capacidad de renovar desde dentro todos los sistemas de pensamiento, la mentalidad, los criterios de juicio, es decir, conlleva una renovación de la humanidad, y trata de convertir la conciencia personal y colectiva en la actividad en la que se está comprometido, su vida y su ambiente, la cultura en la que se vive”.

Pues eso, que hay que emanar el perfume del evangelio para impregnarlo en nuestra cultura, sabiendo de antemano que la lucha es feroz, porque los poderes de este mundo se oponen frontalmente al reino de Dios. Pero si vamos tejiendo redes y proponiendo ese mensaje, seguro que habrá otras voces, también ateas que defienda la Iglesia. Porque a diferencia de las ideologías que pretenden llevar el gato al agua para conquistar el pensamiento de sus seguidores. El Evangelio proclama a un Dios hecho hombre que se hace uno de nosotros para superar el mal y hacer que triunfe lo débil frente a lo poderoso, lo frágil frente a lo prepotente.

Todos somos enviados como esos setenta y dos del Evangelio de hoy. Y a todos se nos pide lo mismo, la oración, la misión y la confianza en la gracia que nos acompaña por el camino. Que el Señor nos ayude.

Acerca de Carmen Bellver

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