Unos minutos con Dios

El mundo actual nos está obligando a vivir hiperconectados. Los Smartphone, con su tecnología futurista, mantienen ocupadas nuestras mentes con cientos de mensajes, bien sea por correo o Wassap. La televisión ocupa un papel predominante en nuestro tiempo de diálogo. La música nos acompaña caminando. Se come con el televisor funcionando, evitando así unos momentos de conversación fundamentales en la familia, donde saber qué ha sucedido fuera de casa o cómo nos ha ido durante el día, mantiene viva la unión familiar. Hoy, en cambio, dejamos que todo pase delante de una pantalla de plasma.

No es que sea mala la tecnología, pero sí ha cambiado nuestros hábitos y rutinas, fragmentando el pensamiento en múltiples inputs que entran en nuestra mente y no nos dejan un momento de sosiego. Y para el encuentro con Dios hace falta silencio, tanto exterior como interior. Quien hace oración sabe bien lo difícil que es mantener a la mente serena, alejada de las distracciones habituales.

Es por tanto necesario que aprendamos a vivir sin los intermediarios tecnológicos, o al menos sepamos dominar su poder frente a nosotros. Que sea nuestra voluntad quien nos lleve hacia ellos por motivos urgentes. Resulta odioso pasearse por la red y contrastar la enormidad de basura mental que pulula por ahí. La red debe estar para aportarnos conocimientos, información, expresión de pensamiento. Jamás para perder el tiempo pasando mensajes que suelen tener las mismas características que los mantras esotéricos. Frases que incluso se atribuyen falsamente a un autor determinado. Convocatorias absurdas, regalos puestos como señuelos para generar tráfico e información personal.

Hemos entrado en un mundo donde conviene dominar la técnica, saber apagar las pantallas que nos distraen y volver a nuestro silencio interior, ese que nos conecta con lo divino, sin el silencio es imposible el encuentro con Dios. Jesús se apartaba de sus discípulos y buscaba momentos para orar, es su ejemplo el que nos invita a hacer pausas en nuestro día cotidiano, para conseguir esa capacidad de sosiego necesaria para encontrarse con Dios.

Decía el Papa en su mensaje de hoy que necesitamos orar, pero es difícil encontrar el momento adecuado para que nada nos distraiga de ese ratito con el Señor. Y para ello debemos acostumbrarnos también a la soledad, buscar sitios donde solo nosotros podamos escuchar la voz de Dios, sin distracciones de ningún tipo.

No obstante, la sociedad no prepara para esos encuentros con uno mismo y con Dios. La sociedad nos dispersa en miles de mensajes que vacían nuestra interioridad. Sin embargo la razón y el pensamiento mueven el mundo desde la capacidad de reflexionar y eso es lo que nos roba el activismo frenético y la tecnología que parece estar más bien fundamentada en alinearnos y hacernos incapaces de pensar.

Vuelvo a insistir que la soledad, el silencio y la interioridad se cultivan con esfuerzo, buscando siempre que haya un instante donde conectemos con Dios, sin descartar la oración vocal, es también necesaria la meditación del Evangelio del día que nos abre para la oración con el Señor, nos prepara siempre para cuestionarnos nuestra vida, y nos pone finalmente en sus manos. Ojalá aprendamos a gozar de ese estar con Dios unos minutos todos los días.

Acerca de Carmen Bellver

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