Halloween la dimensión de lo oscuro frente a la luz de los santos

Frente a la proliferación de muertos, calaveras, fantasmagóricos esperpentos, calabazas con imágenes dantescas, telarañas y, el famoso “truco o trato”, que se nos han colado en los centros escolares y han sido exportados a los centros comerciales con esa abismal alegría de un nuevo carnaval festivo, algo para celebrar y disfrazarse, para festejar con botellón incluido. Tenemos por suerte un antídoto cultural que es Don Juan Tenorio, la muerte y los difuntos de la mano de José Zorrilla. Y eso es lo que se escamotea a nuestros jóvenes con esta pantomima de Halloween.

Ya es imbatible la lucha frente al negocio que se ha instalado con esta suerte de diversión macabra, ocultando el verdadero significado de estas fechas que se aproximan. Tenemos la suerte de festejar a Todos los santos, aquellos que no tienen peana, ni fecha en el calendario, sin embargo poseen un día donde oramos con ellos en la comunión de los santos. Y luego rezamos por los difuntos, todos aquellos que ya nos han abandonado pero que forman parte de nuestro recuerdo.

Leía en estos días lo poco que se aprovecha para enseñar a nuestros niños el significado de la santidad, y para evitar la famosa llamada en la puerta con monstruitos que piden su “truco o trato”, nada mejor que preparar unas buenas estampas de santos y contarles lo que fue su vida. Una entrega a la voluntad de Dios y la gracia de practicar todas las virtudes cardinales en grado sumo. También perdemos la posibilidad de hablar de los difuntos y que una de las obras de misericordia consiste en orar por ellos, porque están esperándonos y perviven en nuestra memoria.

Siento pavor cuando se aproximan estas fechas y lanzamos a los jóvenes en manos de lo tétrico y macabro, solapando la luz que desprende la santidad y el gozo que da conocer a quienes nos precedieron en esta vida que es una senda hacia un futuro sin final. Estamos destinados a la eternidad y acompañados por toda suerte de protectores que interceden por nosotros. Sepamos también enseñar a los nuestros el valor de estos días maravillosos donde todos los fieles oramos por quienes nos precedieron en este mundo.

Una fechas para conocer a Zorrilla, para hablar de la eternidad y de la santidad, para gozar si se quiere de esa repostería de fiesta otoñal preparada con esmero desde tiempos remotos. Podemos hacer mucho bien, en nuestro hogar. Y desde luego cualquier cristiano debería evitar llevar a sus hijos al macabro espectáculo que nos han impuesto en los centros escolares.

Si fuéramos tan coherentes como otras confesiones, evitaríamos llevar a los niños al colegio ese día. Mostrando que nuestra fe no va con esos jueguecitos carnavalescos, porque para nosotros los muertos tienen otra dimensión más feliz y trascendente que convertirse en monstruos o esqueletos vivientes.

Frente a ello la Iglesia está promoviendo en algunas diócesis la celebración de Holywins (lo santo gana) donde la oración está presente inspirada en otros países y donde los más jóvenes visten ropas de santos. Algo que podría expandirse por centros escolares confesionales y por parroquias, difundiendo gráficamente otro color para estas fechas que se han convertido en algo macabro y capaz de promocionar eventos multitudinarios sin otro objeto que la consabida borrachera.

Acerca de Carmen Bellver

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