¿Por qué celebramos Todos los Santos?

Hay un día luminoso en la Iglesia y es el de Todos los Santos. Un día donde el mismo Evangelio nos identifica a esos santos con detalle: aquellos perseguidos a causa de la justicia; aquellos que lloran; quienes sufren; quienes son pobres de espíritu; aquellos que son misericordiosos; los que trabajan por la paz; los limpios de corazón. Hay que leer las lecturas de hoy el Evangelio de Mateo 5,1-12. Y comprendemos que hay una multitud de personas que han vivido la santidad de modo anónimo, sin ser reivindicados para subir a los altares. Son todos aquellos que nos han precedido en la vida cotidiana de cada día con el único afán de cumplir la voluntad de Dios.

Para mí este día no me recuerda exclusivamente a los seres queridos que se marcharon de nuestro lado a la casa del Padre, me siento acompañada por una multitud, como dice el libro del Apocalipsis. Una multitud de toda raza, pueblo y lengua, que siguen intercediendo por nosotros y que se unen a nuestra oraciones en cada Eucaristía.

Hoy es por tanto un día luminoso, donde no rendimos culto a la muerte visitando los cementerios, sino que valoramos a los hijos de la luz que ya están gozando de la presencia de Dios. Por supuesto ofrecemos nuestras oraciones por aquellos familiares y amigos que partieron de este mundo. Y la Iglesia en una más de sus muchas obras de misericordia nos pide que recordemos donde reposan nuestros difuntos y roguemos por ellos. Enterrar a los muertos, recordarlos en fechas puntuales. Entrar en el camposanto con la veneración que merece el lugar donde reposan tantos conocidos y honrar ese lugar.

No quería adentrarme en la polémica suscitada por la nueva instrucción sobre qué hacer con las cenizas de los difuntos. Es evidente, que se seguirá realizando lo que cada uno desee, porque nadie le puede impedir a otro que se desvanezca en el jardín de su casa. Pero sí que es cierto, que la Iglesia nos recuerda que esta vida no es el final, que esperamos la Resurrección y que debemos cuidar de los restos de nuestros difuntos. Por eso para un creyente un camposanto es un lugar donde hoy se celebrará en todos los rincones del mundo una Eucaristía por quienes han partido a la casa del Padre. Un lugar santo en el que recordamos el itinerario de Cristo, muerto, sepultado y resucitado de entre los muertos.

Cada vez que se entre en un cementerio el creyente ora por los difuntos. Es un modo de celebrar que nos sabemos unidos por encima de los lazos de la muerte, con el lazo de la eternidad.

Hay una oportunidad de explicar a los pequeños qué significa la muerte y que ésta no tiene la última palabra. Es un día para orar y para celebrar. Pues en definitiva todos nos sentimos unidos en la comunión de los santos. Y nada más hermosos que llevar flores en memoria de quienes partieron de nuestro lado, hacer resplandecer las lápidas donde reposan los restos de nuestros familiares y conocidos.

En definitiva rendimos homenaje a quienes nos precedieron en este mundo y mostramos que seguimos unidos a ellos en la oración y en el recuerdo. Mañana celebraremos los fieles difuntos y nombraremos en la Iglesia a quienes partieron a la casa del Padre en el año en curso, es otra celebración multitudinaria para el creyente que se une en oración, otra vez por quienes ya no están con nosotros físicamente. Feliz día de Todos los Santos y feliz conmemoración de los Fieles Difuntos.
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Acerca de Carmen Bellver

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