Los dilemas de la vida religiosa y otras cosas

Todos tenemos amigos que nos abren los ojos para ver una realidad diferente a como nos la cuentan. Mi amiga, conoce alguien que lleva años de vida religiosa. Y le cuenta sus cosas, con mayor libertad que hace décadas. Todavía recuerda los años previos al Concilio y desde luego el tsunami posterior al mismo. De llevar toca y rosario al cinto, pasaron a los pantalones y los pelos desteñidos, que ajaban el rostro y daban un toque monjil prosaico pero muy identificable. Y es que había que comprometerse con la sociedad, diluirse en la masa y los signos exteriores, el hábito y otras zarandajas creaban barreras. Además tenían el asesoramiento de los curas obreros, que habían desechado el alzacuellos por los mismos motivos, para ser fermento y diluirse en el anonimato. Porque entre otras cosas se cuestionaba la Iglesia institución y se abrazaba el Evangelio puro y mundo.

Por si fuera poco el experimento del Concilio trajo otras novedades según cuenta ella misma. La oración pasó a ser una experiencia oriental, dice que hicieron todo tipo de experimentos originales con el tema de la oración. Todo a mayor gloria de Dios, sin ninguna duda. Pero por el camino seguía la sangría de vocaciones. Allí nadie quería comprometerse de por vida. Y si además pasabas por las librerías religiosas en busca de alimento para el espíritu, encontrabas libros originales sobre el eneagrama y otras peculiaridades psicoreligiosas o seudoreligiosas, vaya usted a saber.

El caso es que ahora vive de nuevo centrada en lo fundamental. Aquello de asistir a conferencias del último gurú teológico, ya no despierta su interés. El tiempo y los tropezones con todo tipo de experiencias, le ha hecho una mujer sabia y prudente. Ahora vuelve al rezo del rosario y tiene su hora de exposición al Santísimo. Lo que ya no sabe es cómo se solucionará el tema de las vocaciones, pero para eso está la Providencia que se encargará de hacer posible lo imposible, que el relevo generacional llegue por otras vías y así de esta guisa se han lanzado a confraternizar con los laicos, para darles protagonismo y acercarlos al carisma de la orden.

A una le cuentan estas cosas y le da un quemazón en el estómago. Lamenta profundamente el ajetreo vivido por esta gente de Dios. Aunque está claro que muchas de ellas son felices. Y además han gastado su vida tras el Evangelio intentando llevar a cabo todo lo que los sabios y expertos les iban diciendo.

Con el Papa Francisco viven de nuevo una primavera ilusionante. Porque habla de los pobres y de partirse por ellos hasta que duela el alma. Pero no tienen muy claro algunas cosas que va diciendo. Y es que el Papa ha vivido todo el trasiego del Concilio como ellas en la compañía de Jesús, que saben ustedes que de ser los soldados de Cristo, pasaron a engrosar las filas de los revolucionarios del proletariado en países de misión. Y dejaron tan confundidos a sus jóvenes que éstos ya no pasan por la Iglesia nada más que para hacer acto de presencia como si fuera un acontecimiento social.

Es el estigma de la vida religiosa, pocos han quedado marcados por las virtudes y el carisma de la orden y muchos han pasado a engrosar las filas de las ONG y de los partidos más radicales con la propia Iglesia. Otros, dice con voz mohína, seguirán sus huellas aunque sean pocos y con fecha de caducidad. Pero lo que es de Dios no puede desaparecer en la nada. Y así, con esa esperanza en el corazón sigue batallando cada día en las tareas del Reino. La verdad es que merecen que la suerte les acompañe. De hecho surgen otras experiencias de vida religiosa que parecen florecer como geranios en un jardín. Y lo curioso es que vuelven a revestirse de hábito, toca y rosario. Dios dirá por qué ha sido necesario tanto trajín para terminar renovándose al más puro estilo tradicional.

El caso es que mi amiga, que es muy cuca, lo tiene meridianamente claro. Pasar de una Iglesia sociológica a una comunidad de creyentes es la clave de la renovación. Y otro día me dice que piensa contarme como se hace semejante mutación. Yo les aseguro que estoy expectante ante su propuesta.

Acerca de Carmen Bellver

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