Alepo y la banalidad del mal

Sé que hay numerosos conflictos en el mundo. El más mediático, el que ocupa ahora nuestros pensamientos se encuentra en Alepo, son las imágenes que llegan desde las pantallas de televisión con decenas de víctimas inocentes, niños masacrados en centros hospitalarios que han sido bombardeados. Tanta sinrazón nos deja sin palabras. Sabemos que el Tribunal Penal de la Haya tiene en cuenta esta masacre y que la paz traerá también el encarcelamiento de esos asesinos de inocentes.

Sin embargo, nos queda en la memoria la herida permanente de saber que miles de personas están pasando lo indecible. Desde aquí surgen iniciativas que son como tiritas para heridas profundas. Recogida de zapatos para niños que están en campos de refugiados; vigilias de oración por esos prisioneros entre frentes de batalla, acorralados por las bombas, que no respetan la Convención de los Derechos Humanos, ni las treguas pactadas por políticos de retaguardia; protestas pacíficas ante las embajadas de los países implicados. etc.

La voz del Papa Francisco se eleva con firmeza, los traficantes de armas están condenados por Dios, ellos buscan la riqueza a través de la miseria del resto de seres. Pero no olvidemos que esas armas se fabrican en Europa, parte de culpa tendremos que asumir. La hipocresía hace que por un lado se pacten treguas, se abran corredores humanitarios y de otro lado, se envíen bombas y artefactos asesinos.

La guerra es una lacra que despersonaliza a quien la sufre, la guerra es la Bestia azotando su cola y arrasando miles de vidas de un golpe fatal. La guerra es el silencio de los buenos, refugiados en sus países, alejados del ruido de cañones y bombas. Por eso hay que manifestar nuestro malestar, escribir sobre la ruindad de los señores de la guerra. Manifestar que Arabia Saudita también envía armamento a los terroristas. Y rezar para que estos políticos que hacen doble juego por intereses económicos vean reflejadas las consecuencias de sus actos cada vez que se miren en el espejo.

Durante la segunda guerra mundial en el juicio de Núremberg, Hannah Arendt (1906-1975), teórica política acuñó el término de la banalidad del mal. Ese mal que se convierte en un acto reflejo sin conciencia de lo que se hace. Esa banalidad es la frialdad de seguir órdenes sin preguntarse si aquello no se debe hacer. Ese mal se expande en cada guerra con actos que superan la comprensión humana, son asesinatos en masa, violaciones, tráfico de órganos de menores apresados por seres sin entrañas. Y sin embargo esa banalidad del mal, habla de que esas personas que parecen monstruos, son hijos de Dios, son amados por su familia, son en otras circunstancias vecinos y amigos.

Despertar las conciencias de los asesinos y mostrarles a ellos los crímenes de los cuales son responsables, es hoy más fácil que en toda la historia de la humanidad. Hoy Alepo está derruida y las cámaras de los centros hospitalarios muestran en directo los bombardeos sobre civiles heridos e indefensos. Hoy podemos dejar en la red la muestra de la barbarie para que su rastro sea permanente a los ojos de la humanidad. Y seguir orando por la paz en la seguridad de que Dios siempre escucha a quien clama día y noche.

Acerca de Carmen Bellver

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