La reforma de la Constitución, puerta abierta al Nuevo Orden Mundial

No parece que una parte de los diputados de algunas formaciones políticas vayan a celebrar este día de la Constitución, manifestando su desprecio a la mayoría de españoles que votaron a favor de la misma. Para ellos la presencia de la Carta Magna que prometen acatar cuando acceden al Congreso de los Diputados, se la pasan por el forro, prefiriendo la ominosa actitud de quienes desprecian al Rey y a los ciudadanos que hoy celebramos tener un marco de convivencia.

Ciertamente, es muy probable que se deba mejorar esa Constitución. Nadie pone en duda que tras varias décadas sea necesaria una revisión de la misma. Lo que preocupa y mucho es que en ese marco de revisionismo hacia algo mejor, salgamos trasquilados y perdiendo libertades. El caso de Italia resulta muy ilustrativo en este sentido.

Pongo delante de los lectores el artículo 27 que defiende el derecho de los padres a la educación de sus hijos. Y paso a recordar que el artículo 16 manifiesta que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Es por tanto un deber el derecho a esa libertad de educar a los hijos la que se obstruye cuando se quiere expulsar la religión de las aulas.
La confesión laica del Estado no es fundamento suficiente para que los acuerdo previamente establecidos con la Iglesia se estén intentando saltar a la torera. Y no sólo eso sino como en los peores periodos dictatoriales se mantenga por parte de algunas comunidades la ideología de género en las aulas.

La perversión del sistema hace posible la indefensión de padres y escuelas concertadas, expuestas a perder sus conciertos si no siguen el sesgo ideológico dominante que ese nuevo Orden Mundial lleva años inculcando a la sociedad. Un pensamiento débil que fractura el núcleo de la sociedad que es la familia, que debilita la patria potestad de los padres frente a los poderes públicos y que somete a los niños a una ingeniería social de tintes totalitarios.

Estamos por tanto viendo que esa reforma de la Constitución va a servir para despojar de derechos a los ciudadanos y no para mejorar la convivencia. Ya hemos visto como los medios cinematográficos y televisivos dominan ese pensamiento débil. Pocas son las voces que se oponen a esta nueva cosmovisión del ser humano que va horadando las convicciones sobre el derecho a la vida o incluso sobre el derecho de expresión frente a imposiciones letales y perniciosas.

Hoy celebramos una Constitución, que permitió con posterioridad a su aprobación, el divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual, la adopción de niños por partes de parejas homosexuales, los vientres de alquiler (aunque aquí no se permitan se consienten), la eutanasia y todo tipo de veleidades según ese nuevo Orden Mundial que se configura como abanderado de los derechos humanos y de las libertades individuales, mientras que cercena las convicciones de millones de personas, condenadas al ostracismo y el silencio.

Cuando hoy celebramos la Constitución estamos temiendo muchos que suceda en breve, Dios no lo consienta, un golpe a la libertad de pensamiento de millones de ciudadanos, sometidos por la plutocracia de ese Nuevo Orden Mundial.

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Acerca de Carmen Bellver

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