Domingo Gaudete: la alegría y la felicidad

Hoy Domingo Gaudete, domingo de la alegría, una se pregunta por la felicidad, como tanta gente que deambula por ese sortilegio de calles adornadas ahora con extrañas figuras que no evocan la Navidad. La felicidad ese duende escurridizo no se encuentra nunca en lo aparente, ni en esa visa oro para gastar sin cortapisas y dejar un regusto de fiesta amargo en la boca. La felicidad viene como siempre en los envoltorios de papel de estraza, de los casa, de los de toda la vida. Son ese saberse unos privilegiados en tiempos en que otros recorren el barro de la calle intentando escapar de la muerte. La felicidad sigue siendo ese saber que el frío del crudo invierno te cubre con un edredón y en algún rincón de tu ciudad muchos apenas pueden cubrirse con cartones. La felicidad está hecha de saberse privilegiados por tener casa, comida, trabajo y una familia que te quiere.

Y no hay más, no hay que rebuscar en lo recóndito de la mente para planificar un décimo de lotería y soñar con vivir del cuento eternamente. La felicidad es esconderse en los abrazos y las felicitaciones en la esperanza de un mundo mejor. Y reunirse todos en la mesa común y partir y compartir las penas y alegrías aunque sea con un vaso de agua.

Ser felices es una actitud frente a la vida que a veces te apalea como un perro callejero, salir lamiéndote las heridas y acurrucarte en manos más compasivas y misericordiosas. Ser feliz es valorar el momento de hoy sin pensar en el mañana, aprisionar el tiempo en nuestras manos mientras se desliza escurridizo por entre los dedos. Y disfrutar como enanos con lo poco o mucho que tenemos.

Ir tras las quimeras y castillos en el aire es la manera más segura de construir la infelicidad con un regusto amargo en la boca, ese estar pendiente de lo que te falta, sin valorar lo que tienes, es el pasaporte del alma en pena dejándose girones de su piel por las esquinas de los sueños irrealizables.

Vale la pena que hoy domingo gaudete, conservemos esa alegría de saber que se acerca el momento culminante de la humanidad, ese niño que hoy hecho hombre les dice a los mensajeros de Juan el Bautista que Él es de quien se ha hablado a lo largo de los años como el que ha de venir. Y lo hace mostrando sus obras: los ciegos ven, los muertos resucitan, los leprosos se curan. Obras de misericordia, no de poder y billetera de piel. Obras de entrega a los necesitados, para repartir en porciones la felicidad a quien más la necesita, al que está más apurado.

Y esa felicidad de compartir con el otro, es una más de las enseñanzas del camino idílico de la felicidad hecha de las pequeñas cosas, que de verdad tienen valor, porque construyen una humanidad más justa y porque llenan el granero en el cielo de nuestros gestos de bondad.

Celebremos este domingo gaudete con la felicidad de saber que tenemos mucho que agradecer y también mucho camino para recorrer hacia los demás, hacia quienes lo necesitan.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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