Los Santos Inocentes: entrañas de sus entrañas

Celebraremos mañana Los Santos Inocentes, esa matanza cruel de niños, que nos recuerda a todos los masacrados de este mundo sacrificados por la guerra o peor aún por la falta del respeto a la vida. El aborto, esa lacra abismal que siega sin piedad a miles de vidas, se ha convertido en un derecho incuestionable. La tragedia de miles de madres, que antaño recurrían al aborto por decenas de motivos, se trivializa hoy sin parangón con el pasado. La protección del nasciturus está hoy impregnada por esa banalidad del mal que nos convierte en ejecutores sin conciencia.

Lo cierto es que hay una industria de la muerte, los fetos, son restos utilizados por el comercio de la cosmética. Y ante la frivolidad con la que se lleva a abortar fetos humanos sin ningún tipo de escrúpulo ni piedad, una se pregunta si no estaremos convirtiéndonos en una sociedad deshumanizada más preocupada por el derecho de los animales que de las personas. La vida es respetable en todos los sentidos desde el comienzo hasta su ocaso. Pero esa banalidad del mal publicitada en tantas ocasiones por los medios, nos lleva a sacrificar vidas que no encuentran sentido para su existencia y desean la muerte. O vidas que desean la vida y no ven la luz despedazadas en lucrativas clínicas abortivas.

Son muchos que han llegado hasta la repugnancia al ver el crimen abominable del aborto y hoy promueven la vida en todos los sentidos. Como el paso de la tinieblas a la luz hay conversiones de personas que han participado de ese negocio y se les han caído las escamas de los ojos para alumbrar en toda la crueldad la muerte de un inocente.

Mañana es uno de los días en que decenas de personas se congregan frente a esas clínicas espoleando la conciencia de quienes están allí dentro. No hay derecho al aborto, por mucho que lo pregone la ley. La primera defensa del ser humano es respetar el derecho a la vida, trivializar este asunto nos está llevando hacia la eutanasia y hacia numerosas jóvenes que arrastran todas su vida un sentimiento de culpabilidad o sencillamente se extraen la vida como si fuera un apéndice innecesario.

Defender el derecho a la vida es concienciar al mundo de que miles de seres inocentes están siendo masacrados con el beneplácito de una sociedad que cierra los ojos al abismo del mal. Que como en la soluciones nazis aceptan sin más cumplir su papel sin escrúpulos. Y no todo lo que permiten las leyes son en justicia un bien para la humanidad, demasiado sabemos como la triquiñuelas de los poderosos trabajan para medrar en las legislaciones al amparo de una justicia que como bien se representa lleva una venda en los ojos y una balanza que no siempre se inclina del lado justo.

En esta octava de la Navidad, oremos por las víctimas inocentes de la industria de la muerte, oremos por las madres arrastradas hacia el asesinato frío y despiadado de sus propios hijos, entrañas de sus entrañas.

No juzgamos las circunstancias ajenas, sólo hablamos de que la alegría de una nuevo ser es siempre una esperanza abierta para la humanidad. Miles de niños no abortados pero que estuvieron a punto de serlo, agradecen el don de la vida y la valentía de sus madres. Nosotros nos arrodillamos ante el Niño Dios, indefenso que tuvo que huir protegido por sus padres, para salvar la vida.

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Acerca de Carmen Bellver

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