Nacidos de Dios: Feliz 2017

Ya estamos a punto de esa despedida multitudinaria de la caída de un calendario, para dar paso al brindis festivo que recibe un Año Nuevo repleto de buenos deseos y sueños a veces inalcanzables. Pero eso es lo de menos, lo que cuenta es sentir por un momento el toque de las campanadas y atragantarse con nuestras usuales uvas. Luego llega el momento novedoso, ahora ya es obligado, de enviar la felicitación tecnológica a ser posible graciosa y ocurrente.

Y algunos se olvidan que en esa noche de festival contínuo hay hospitales con gente trabajando; policías que patrullan las calles; trenes que circulan de un lugar a otro; aviones que nos sobrevuelan; taxistas disponibles; bomberos de guardia y tantos otros oficios que no tienen festivos y que con suerte puede que realicen el brindis a deshoras, pero con la mejor de las sonrisas en su rostro.

Los hay que ya no soportan este carnavalesco tránsito del calendario y aguantarán el tipo hasta las doce por aquello de no empezar mal el 2017, pero una vez cumplido el ritual se deslizarán suavemente entre las sábanas arrebujados con el edredón. No olvidemos las residencias de ancianos y por aquello de que todavía los hay con peor suerte, no dejemos de elevar una plegaría por los sin techo que se guarecen bajo un puente cubiertos de cartones y restos de periódicos.

En este día señalado de la noche de San Silvestre surge la vida con alegría en los paritorios y se apagan algunos ojos para siempre, renacerán a la Vida Nueva si creen en ella y si acogen ese salvavidas que nuestro Dios misericordioso siempre lanza a última hora.

Es tiempo de hacer balance, tiempo de nuevos propósitos, tiempo rutinario sin más que se deslizarán por nuestros dedos en un soplo de serpentina. Y el cielo volverá a iluminarse en muchas ciudades para dar un toque de mágico espectáculo que suba nuestra adrenalina y nos deje las endorfinas a tope. La felicidad para algunos es cuestión de química, pero lo cierto es que suele tener que ver más con el día a día y como lo solemos afrontar, pese a que caigan chuzos de punta.

Y leeremos a Juan 1,10-13 “En el Verbo había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. El Verbo era la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.”
Y ya finalizo deseando a todos los lectores y quienes pasen por aquí un Feliz Año 2017.

Acerca de Carmen Bellver

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