Jornada Mundial por la Paz

Celebramos hoy el día de Santa María, Madre de Dios y desde hace años en palabras del Papa Francisco: “La Iglesia nos hace contemplar la maternidad de María como icono de la paz“. También elevamos plegarias en la Jornada por la Paz en el mundo. Una paz que no parece comprender el mensaje de fraternidad y de humanidad que se proclama hoy desde todos los púlpitos.

Por desgracia tenemos que lamentar otro atentado terrorista en Turquía. Y ya es un hecho que vivimos una tercera guerra mundial sui géneris, con otros parámetros a los que nos habían acostumbrado las anteriores guerras mundiales. Hoy las fronteras se diluyen y los enemigos de la paz se desvanecen en el marasmo de las calles sin saber dónde o cuándo volverán a golpear.

Nuestros dirigentes políticos nos previenen, pero también nos animan a no dejarnos aterrorizar por el miedo y quedarnos paralizados. Hemos celebrado la Navidad, con otro golpe certero del nuevo método terrorista en Berlín. Aunque afortunadamente no nos hemos dejado amilanar por el miedo. Salimos a la calle, nos mezclamos en los mercadillos, celebramos carreras de todo tipo, seguimos viviendo la alegría de unas fechas que nadie puede empañar, por mucho que lo intenten.

Somos conscientes de que hay muchas zonas donde la paz es un bien efímero, zonas que no están en guerra pero en las que se desata la violencia con toda su crueldad. Por eso es más urgente que nunca convocar a todos a la oración por la paz. Que las plegarias se eleven en todos los rincones de la Tierra, y que los miembros de cada religión hagan uso de esta fecha señalada para rogar por un hogar común donde la violencia no abra en portada los titulares o las televisiones.

La violencia se solapa en lo recóndito de los corazones y puede disparar el resorte de la ira hasta la muerte. El odio se camufla como la propia sombra del individuo hasta hacerle estallar inmolándose fanáticamente. Lo escuchamos y lo oímos en tantas ocasiones que es como lluvia fina que no cala en lo interior, que se desliza suave por fuera y nos hace indiferentes al dolor ajeno.

Hoy es la fecha en la que la Jornada Mundial por la Paz no une a todos en la búsqueda de ese cambio de los corazones y no tengo mejor oración que la atribuida al mismo San Francisco para que juntos elevemos nuestro ruego:

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Pastoral. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s