La magia de la Noche de Reyes y el esplendor de la Epifanía

Me gusta pensar que esa noche especial es una caja de sueños y no un carnaval atípico, como viene siendo habitual en ciertas ciudades, regidas por una pléyade de agnósticos que desean convertir la tradición en unas simples fiestas de invierno.

Afortunadamente la Epifanía es algo más que unos cuantos regalos recibidos el día 6 de enero. La Epifanía manifiesta con esos tres adoradores del Niño Dios a toda la humanidad expectante ante la maravilla que ha tenido lugar. Manifestación de Dios a los hombres de toda clase y condición: humildes pastores y supuestos hombres sabios con la suficiente hondura espiritual para seguir una señal en el cielo. Hombres que representan diversas razas y que ofrecen sus presentes al Niño.

También nos quieren arrebatar este relato de la realidad para convertirlo en una simple y poética manera de contar cuentos para niños. Y no es cierto, a través de la historia sabemos bien que Dios hecho hombre pasó sirviendo a gente adinerada y pobres de solemnidad, sin excluir a nadie. Y lo hizo de una manera sencilla, tan simple y natural que muchos no lo reconocieron. Y así suceden las cosas de Dios, de puntillas, de manera inesperada. Sólo hay que reconocer su presencia y entonces aparece la adoración y el agradecimiento ante un acontecimiento significativo.

Los Reyes Magos de Oriente, de fuera, de la lejanía, supieron interpretar que algo estaba pasando: un acontecimiento prodigioso: el nacimiento del Rey de reyes, un rey cuya corona sería de espinas y que se empeña en aparecer siempre entre lo más sencillo.

Incienso, oro y mirra, significativos presentes que debemos explicar a nuestros niños, llenos de sencillez e inocencia. Y que viene bien para limitar los regalos a un número no excesivo.

Me quedo con esos tres reyes como hombres de fe que supieron ver en lo humilde la grandeza del mayor acontecimiento de la humanidad. Y que sigamos adorando en lo pequeño la grandeza de la manifestación de Dios con nosotros.

Un regalo, un presente, un detalle que no necesariamente debe ser un objeto material, es lo que nos traen estos tres reyes magos escrutadores de los signos, atentos a las señales y dispuestos a recorrer el mundo para ver con sus ojos la maravilla de un niño envuelto en pañales.

Manifestación de Dios al mundo de una manera globalizada, total, desconcertante. Y así lo viviremos celebrando con ese roscón de reyes la dulzura de una Navidad que se nos va apagando lentamente, para dejar paso al rastro de ese Niño Dios en la lectura de cada día. Que la felicidad que envuelve a los niños estos días, nos haga reconocer en ellos el rostro de todo lo bueno, de la solidaridad, de la generosidad, de la fraternidad. Feliz Epifanía.

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Acerca de Carmen Bellver

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