Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado: ¿Dónde está tu hermano?

Este domingo la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Las imágenes de los campos de refugiados en diversas naciones, sometidos a las inclemencias de una terrible ola de frío, son tan desgarradoras como aquellas otras que Europa vivió en la contienda de la segunda guerra mundial. El Holocausto se presentaba ante los europeos con enormes filas de desplazados hacia los trenes de la muerte. Hoy no sabemos solucionar un conflicto que ha sido creado paulatinamente con la aprobación de los poderosos, ávidos de riquezas en países con gobiernos proclives a todo tipo de desmanes.

Resumiendo, podríamos decir que la avaricia y el poder mueven los hilos de la emigración, que no son de ahora, también existieron en el pasado ante hambrunas y deseos naturales de superación. Los hombres que hoy se juegan la vida arrastrándose miserablemente en un éxodo patético, forman parte del derecho natural de buscar refugio en tiempos de guerra y de tratar de dar mejores condiciones de vida a sus familias.

¿Qué se puede hacer, cuando lo que se vio como un intento de repoblar la Europa seca de nueva savia generacional, se transforma en una avalancha difícil de controlar?. Yo estoy segura que nadie sale de su país con alegría, que dejar atrás las propias raíces, les cuesta a todos los exiliados del mundo. Pero cabrían soluciones factibles si se suprimiese la avaricia de los grandes lobbies que esquilman las riquezas naturales de tantos países. Si la corrupción intrínseca en tantos gobiernos, diera paso a unas democracias plurales y respetuosas con el bien común.

Sería tan fácil como finalizar los conflictos que provocan la inmigración. Pero lo cierto es que las leyes creadas para facilitar el desplazamiento por toda Europa, también provocan que sea difícil controlar el terrorismo global que amenaza al mundo. Y por otra parte es un hecho que el relevo generacional proviene de fuera. Nuestra tasa de natalidad es parte de un problema que va aumentando con el paso de los años. La pirámide de población está envejecida, la solución viene de fuera.

En definitiva lo que ahora nos preocupa es precisamente el derecho humanitario de dar cobijo al inmigrante y refugiado, de proporcionarle las ayudas necesarias para que salga adelante. De fomentar la convivencia con reglas que señalen puntos que no deben ser rebasados. Y todo esto, no es una cuestión de enviar ayuda puntual que las mafias controlan con avidez. Es más bien un clamor hacia nuestros gobernantes para que consensuen medidas que finalicen el drama migratorio, o al menos palíen las guerras y las hambrunas de tantos países cuyo dolor gime a las puertas de Europa.

Pero no seamos ingenuos, estas emigraciones masivas están controladas como peones en un tablero de ajedrez. Son de nuevo un arma de guerra en manos de los islamistas, y nos ponen entre la espada y la pared. Los asesinatos terroristas han golpeado las ciudades hasta convertirlas en lugares de ocupación de las fuerzas de seguridad del Estado. Basta pasear por las calle para ver que cualquier lugar puede ser elegido para proclamar el terror.

Me pregunto si no hay un interés por parte de los señores de la guerra para ocupar todas las ciudades de Europa como si estuviéramos en un estado de sitio permanente. La fragilidad de nuestras democracias queda reflejada en los rostros de nuestros gobernantes. Y es más necesario que nunca que las raíces de Europa sean defendidas, porque lo que se otea en el horizonte es un conflicto de culturas a corto plazo.

Mientras, el mundo está cambiando vertiginosamente en todos los sentidos y los cristianos nos sentimos interpelados por la misericordia: ¿Dónde está vuestro hermano?. grita nuestra conciencia y el testimonio que nos toca dar es sin lugar a dudas el del samaritano, aún a sabiendas de que puede ser aprovechado por los enemigos de la paz.

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Acerca de Carmen Bellver

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