Semana de oración por la unidad de los cristianos: tipos de oración

Enseñar a orar es algo tan difícil, como conseguir la unidad de todos los cristianos. Elegimos caminos alternativos, oraciones vocales, oraciones leídas y recitadas durante generaciones. Pero no hay nada mejor que elegir las lecturas del día en el Evangelio y meditarlas en el corazón. El camino de la oración necesita mucha fuerza de voluntad, porque no siempre estamos con el ánimo predispuesto para el silencio interior, para el recogimiento que nos lleva al encuentro con Dios.

Pero sucede en ocasiones que una breve oración de apenas una frase repetida mecánicamente, acompasada con el ritmo de la respiración, produce esa unión necesaria que da fuerzas para sobreponerse a los acontecimientos diarios. Repetir por ejemplo: “A ti Señor elevo mi alma, Tú eres mi Dios y mi Salvador”, mientras caminas, mientras vas en el metro, mientras preparas la comida.

Claro que hay que hacer espacios para ese silencio necesario en nuestro interior, por eso muchos deciden elegir un tiempo determinado del año para retirarse al encuentro con el Señor. Un tiempo de mayor profundidad que permita el sosiego suficiente para entrar en el espacio de lo divino. Y estamos en una época que precisa de esa desconexión, porque la tecnología y los estímulos exteriores embotan nuestras mentes.

Y qué pasa con los que tenemos una vida activa trepidante, que sólo permite la oración de la mañana, y la oración de la noche, con cuatro frases mecánicas, sin pausas apenas para tomar conciencia de que se está en la presencia del Señor. Pues realmente, que se necesita la suficiente fuerza de voluntad y el compromiso de hacer oración vocal con serenidad, esperando tiempos mejores.

Acercarse al rosario siempre es un refugio que nos permite meditar los principales pasos de Jesús en la Tierra, un resumen completo del Evangelio y sus acontecimientos más importantes. Y cuando no es posible silenciar a la mente, es camino seguro de buena oración.

Estamos en la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Creemos que la fuerza del Espíritu hace posible lo imposible. Pero no confundamos las cosas, existen notables diferencias entre los cristianos. Orar por su unidad es un deber al que nos llama el mismo Señor, determinados un tiempo al año para que las intenciones sobre la unión de los cristianos se presenten en la Iglesia con la fuerza de la comunión de los santos, de todos aquellos que rogamos juntos en las preces. Y está bien que así sea.

Hoy vivimos tiempos convulsos en la Iglesia, facciones de diversa índole que no están conformes por cómo se desarrollan los acontecimientos, creyentes que tienen pensamientos que otros consideran pura herejía. Pero nadie puede juzgar la fe con la que se acercan a la oración y los sacramentos. Sin embargo, la Iglesia en las obras de misericordia se impone la obligación de corregir al que está confundido; enseñar al que no sabe. Y hoy cuando los medios de comunicación nos permiten acceder a la lectura de tantos eruditos de la teología, vivimos no obstante con más confusión que aquellos que se sientan a adorar el Santísimo con la simplicidad del cristiano de a pie.

Oremos por tanto, también por la unidad de los cristianos católicos que tan diversamente expresamos la fe y que producimos a veces perplejidad en los hermanos.

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Acerca de Carmen Bellver

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