Sor Lucia Caram y el protestantismo

En un mundo donde el hedonismo ha tomado carta de naturaleza, sólo falta que las personas de fe dudemos de la castidad de San José y de la virginidad de María. Como si no fuera posible convivir como hermanos. Y por otra parte es más sucio considerar el sexo como algo habitual que poner un poco de cerebro en las desatinadas palabras de una religiosa que parece buscar la mundanidad. En el programa de Risto Mejide en la cuatro nos quedamos ayer boquiabiertos con las declaraciones de Sor Lucia Caram

En principio los sexólogos han descatalogado todo tipo de patologías, para allanar el camino hacia el gozo y el placer como algo consustancial al ser humano. Lo cierto, es que tenemos control de nuestros instintos más básicos y fuerza de voluntad que se debe educar desde la infancia. Y por eso sabemos que el sexo dentro del matrimonio es una complementariedad entre dos seres que buscan la unión. No es en esencia un medio para satisfacer mis instintos y luego dejar tirada la persona.

Esa manera de hablar del sexo lleva a la frustración de miles de seres que se quedan vacíos tras una relación sexual, que se sienten utilizados. Me indigna que se pase a constreñir a la persona con el sexto mandamiento tan mal explicado. Flaco favor nos hacen esos padres espirituales y esas monjas mediáticas rebajando las relaciones humanas a la pura genitalidad. Están imbuidas por el protestantismo publicitado en el cine y la televisión.

En ese desmadre de una entrevista hecha con toda intención para provocar reacciones encontradas para ridiculizar lo que los creyentes vivimos sin complejos, nos encontramos una monja que niega la virginidad de María y la castidad de San José. Una monja que debería explicar cuál es el sentido de la castidad al mundo y ha perdido la oportunidad de oponerse al pansexualismo de hoy en día. De hablar del sentido de la pureza y de promover una juventud sana, que no vaya obsesionada con el sexto mandamiento.

Es verdad que la juventud vive sus relaciones sexuales con desinhibición, pero hay muchos que guardan la castidad convencidos de que con ello están ofreciendo al Señor la sublimación de sus instintos. Se puede caer en el pecado, pero lo que nunca se debe hacer fomentar lo que no es habitual en un católico.

Estamos frente a una entrevista que no quise terminar de visionar porque sentía vergüenza ajena. Las explicaciones de la monja mediática me produjeron inmediatamente la sensación de que sus pensamientos no concuerdan con la Iglesia católica, sino más bien con el protestantismo. Implicada en el hacer y el darse a los demás, me pregunto si piensa que eso es obra suya o como Santa Teresa de Calcuta sabe que todo es obra de Dios y a Él le debemos nuestra entrega a los demás.

La entrevista no hay por dónde cogerla, es decir, han cogido a la monja mediática por los bajos y le han hecho decir lo que muchos desean que la Iglesia diga formalmente.

Pero la realidad es que la modestia en el vestir, la mirada limpia y el compromiso de guardar las relaciones sexuales para el matrimonio, está siendo relativizado desde hace mucho por los mismos religiosos mediáticos que ayer tuvimos la desgracia de visionar.

Lo cierto es que los instintos naturales de la genitalidad se controlan con el cerebro, porque como muchos adictos al sexo han reconocido, la obsesión por el coito semanal les convierte en una verdadera piltrafa, emocionalmente inestables e inseguros.

Lo que presenta la Iglesia es la contención y la castidad, la pureza y también la sana relación humana que respeta la pareja y sus deseos. Hoy muchas mujeres son violadas dentro del matrimonio, por esa falta de respeto que se tiene hacia un acto recíproco de amor mutuo. Hoy muchos jóvenes son utilizados y desechados tras una relación efímera, convirtiendo a las jóvenes en instrumentos de usar y tirar.

Hoy las parejas de deshacen porque no han sido educados para lo que el matrimonio significa.

Qué oportunidad perdida por parte de sor Lucía Caram, de hablar en positivo de todo lo que representa la castidad y la pureza. Y es que no quieren que esto se diga, no quieren escuchar la voz de Dios y es más fácil escuchar la voz del mundo. Qué ocasión perdida de hablar de la oración y los sacramentos como fuente de valor para oponerse al hedonismo banal que se nos vende como obligatorio para funcionar en el mundo.

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