Lágrimas por Cataluña

Estamos preocupados, la insólita chulería de los gobernantes secesionistas nos hace temer lo peor. Y mientras ellos siguen ocupando portadas, la realidad social si me permiten la expresión es cada día más preocupante y más tensa. Partidos que supieron pactar la transición, se desgarran ahora entre sí mismos. Partidos que fueron una bocanada de aire fresco para muchos, aseguran su poltrona y se vuelven casta.

Pero no vengo a escribir de política, todavía anda mi mente confusa, revuelta por los acontecimientos del mundo y del país. Vengo a hablar como siempre a la buena gente, a todos aquellos que siguen su día a día esperando que esto escampe como en una tarde de tormenta. Y pregunto si ellos no sienten la misma inquietud que yo siento. Me pregunto si los españoles no vamos a pedir al Gobierno que en ese tablero de ajedrez que llevan entre manos con Cataluña, finalicen ya la partida.

Y es que las leyes se enredan entre sí, queremos ser legalistas y vamos a cumplir la Constitución, pero mientras, se exalta la división frente a nuestras narices. cada día nos despertamos con una chulería mayor. Y esto es el resultado de esa larga travesía de pactos con los nacionalistas durante legislaturas anteriores. Pactos que fortalecieron la idiosincrasia propia en detrimento de la españolidad.

Andamos revueltos, con ideas peregrinas en muchas Comunidades. Los reinos de taifas construidos para el bienestar de la diversidad y riqueza plural de nuestra España, se vuelven ahora irascibles y con talante totalitario.

Nos hace falta más historia en la enseñanza. No esa historia local que cercena la unidad y sólo habla de la propia Comunidad. Nos hace falta mucha historia desde la más tierna infancia. Y descubrir cómo se construyó España como nación. Sentir de nuevo que formamos parte de un proyecto común y que está bien reivindicar lo local, pero es mejor elevar la autoestima de la españolidad, que hoy anda por los suelos.

El respeto a las Instituciones, pasa por algo tan banal como el respeto a un trozo de trapo que representa todo el país. Y así, conociendo la historia es como uno se siente orgulloso de lo propio. Y si algún rincón de España sigue con sus complejos étnicos que se lo haga mirar. Nuestra bandera nos representa por el mundo como país.

Se derramó mucha sangre para construir una nación sólida, han transcurrido avatares insólitos que fortalecieron esa unión de todos los españoles, son más de quinientos años de pluralidad en la unidad. Y sigue siendo posible esa diversidad y riqueza en las costumbres, en las diferentes regiones del país. Pero hace falta sentirse orgullosos no sólo cuando las selecciones deportivas juegan fuera de España, sino también como ciudadanos que sentimos que es tan española una fabada, como una paella, uns castellets, como un queimada, una sardana, como unas bulerías. Y podría seguir y seguir, porque cada rincón de esta piel de toro tiene su espacio.

Que entre la buena gente al ruedo para parar la deriva secesionista de Cataluña, donde cuarenta años de democracia han servido para construir un sueño quimérico y peligroso.

Que no nos arrebaten lo que entre todos construyeron para el bien de este país.

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Acerca de Carmen Bellver

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