Te juro que ésta me la pagas

La frase que titula el artículo es en verdad muy conocida. Se suele escuchar por cosas importantes, pero también por nimiedades, desencuentros que pueden ser salvados con el diálogo y la buena voluntad. La frase, sin embargo, no puede ser más opuesta a lo que pregona el Evangelio de este domingo: “Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama necio, merece la condena de la gehenna del fuego. (Mateo 5, 22-23).

Todo el pasaje del Evangelio de este domingo va más allá de la Ley. No vale un cumplimiento rutinario y cómodo, se nos exige mucho más que no matar, nos pide que no tengamos ira, ni ofendamos gratuitamente a los demás. Se pide algo más que no cometer adulterio, por ejemplo no consumir pornografía, eso deducimos del evangelio de este domingo extraordinariamente exigente. Con solo el deseo de la mujer de tu prójimo ya has pecado.

Por otra parte en un mundo donde los insultos gratuitos salen en periódicos , televisión y redes sociales. Donde no se respeta al prójimo y se calumnia con extraordinaria facilidad. El Señor nos pide que no tengamos la lengua de serpiente, que nos mordamos el veneno que a veces solemos soltar, sin considerar que la ira es un pecado capital. Una ira que a veces surge en la propia casa con discusiones familiares, donde los insultos son el pan de cada día.

Les aseguro que resulta muy complicada esta frase: “Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. En realidad la maledicencia, las críticas de café, las calumnias presupuestas por actos que no se pueden comprobar. Son uno de los defectos más comunes de nuestra sociedad. Forman parte de las relaciones humanas con una frecuencia inaudita.

Hoy se nos pide ir más allá. Porque no se trata de no cumplir los Mandamientos, sino de vivir en el amor que Jesús nos enseñó. Un amor que supera la ley y la convierte en actos de delicadeza, de ternura y de comprensión hacia quien se opone a ti.

Por utilizar las mismas palabras de otro pasaje Evangélico: “Quien esté limpio de pecado que tire la primera piedra”. Ante estas situaciones no vale el voluntarismo sino el encuentro con el Señor y oración. Porque los arrebatos y los prontos de un determinado carácter pueden convertirse en una espina lacerante en nuestra vida espiritual.

Hacer una vida más justa y fraterna sólo se consigue superando la ley, borrando resentimientos, buscando que el temperamento colérico se transforme en la mansedumbre de Jesús. Y esto no es lo que se enseña en la familia y las escuelas, donde prima la ley del más fuerte. Donde se persigue al débil y se llega al acoso. Y no sucede en las empresas donde los mismos compañeros son lobos entre ellos, capaces de cualquier cosa por conseguir un ascenso, más prestigio, mayor salario.

Pongamos por tanto, el discurso que tengamos hacia nuestros oponentes en un tono que no suponga descalificación grosera, sino exposición razonada de nuestra postura. Y demos un toque a toda la sociedad que ensucia con su lengua viperina, las redes, la televisión y cualquier medio de comunicación. Que el Señor nos ayude a ser hombres y mujeres de paz.

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Acerca de Carmen Bellver

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