Abusos generalizados

Estoy harta de que se hable por activa y por pasiva de los abusos en la Iglesia. Harta de que no se encuentre un periodismo valiente capaz de afirmar que los abusos están generalizados en la sociedad y, son más frecuentes en las propias familias que en los enfermos pederastas sean presbíteros o religiosos u otros miembros de la escala social.

Ya sé que eso no exonera la responsabilidad personal. Y que el escándalo es mucho mayor cuando se produce dentro de una Institución como la Iglesia que predica el amor fraterno. Sé que el mundo está podrido, con sus miles de esclavas sexuales, con el turismo sexual de menores, con la venta de niñas en matrimonios concertados por sus propios padres. Como dice Mafalda, que se pare el mundo que me bajo.

Pero afortunadamente, esos abusos tienen ya tolerancia cero, son juzgados y condenados. Y lo que nadie dice es que esas personas deben ponerse en tratamiento psicológico para superar su pulsión equivocada. Y lo que no es noticia es la cantidad de amor repartido por el mundo por la misma Iglesia. Cientos de colegios y obras sociales, miles de hospitales y centros sanitarios. Miles de generosos voluntarios al servicio de los demás.

Pongamos un poco de color al blanco y negro de los abusos. Digamos que hay que destruir la imagen perversa de algunos perturbados que influye en el resto de la Iglesia. Pongamos un poco de amor en la balanza desequilibrada de este mundo hostil y depravado. Hay abusos entre matrimonios y novios y parejas de hecho. Hay abusos entre poderosos y débiles.

No sólo se tiene que perseguir el abuso del sexo, sino cualquier otro, como el someter a una menor a la ablación del clítoris, como forzar al asesinato de tu familia y convertirte en niño soldado. Si esas cosas no son abusos qué otra cosa pueden ser.

El mundo está lleno de abusos de toda índole, debemos denunciarlos, como ha hecho el padre Alejandro Fernández Barrajón, con las monjas jerónimas sometidas a la arbitrariedad de un pelotazo urbanístico, sin considerar el derecho de mantener su lugar de residencia donde han permanecido durante siglos.

Hay abusos de quienes siempre tienen la sartén por el mango y el mango también. Para muchos someter a los demás a sus deseos es casi una necesidad patológica. Pero el mundo está lleno de este pecado que recorre todos los Mandamientos de la Ley de Dios. No sólo se trata del sexto. Hay ira, ambición, envidia, deseos ocultos, y nadie está libre de caer en las garras del pecado, porque es consustancial al ser humano.

Después de airear en los medios los abusos de algunos miembros de la Iglesia, estoy esperando que la Iglesia ore por esas personas, que como cualquiera necesitan de la comunión de los santos. Y ore por las víctimas para que sean capaces de reparar su cicatriz y perdonar de corazón. El camino de la venganza es el de Caín con su hermano Abel. Y el camino de Jesús es el de la misericordia con todos los hombres y mujeres de este mundo. Una misericordia en la que siempre tiene la palabra justa, “Anda y no peques más”.

Por favor contemos las noticias con un poco de entrañas, sin la frivolidad con la que a veces hacemos gala en nuestros artículos y comentarios.

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Acerca de Carmen Bellver

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