La gracia de la caridad de corazón procede del Padre

Ahora que se lleva tanto solidarizarse con todas las penurias del mundo, a través de las nuevas tecnologías o como voluntarios en primera línea, caemos en la cuenta que tenemos abiertos multitud de frentes. Podemos firmar contra la ablación del clítoris; contra la venta de niñas para contraer matrimonio con adultos. Podemos llorar frente al televisor al ver las pateras de náufragos a la deriva llegando ateridos de frío y de miedo, rescatados de la muerte que era la opción más probable.

Pero ahí no queda la cosa, luego están los campamentos de refugiados, sometidos a mafias draconianas sin más salida que aguantar lo que les toque. Podemos ser solidarios con los niños con cáncer, con los desahucios de familias; tenemos tanto por lo que solidarizarnos, por lo que comprometernos. Que a veces nos paraliza tanto bombardeo mediático anestesiando nuestra sensibilidad.

Y es ahora cuando conviene recordar aquello de que vale la pena hacer lo que sea por pequeño que sea, aunque sirva para dar un simple vaso de agua. Porque así se consigue la humanidad, así con pequeños gestos se salvan personas en situaciones críticas. Pero a ser posible con discreción.

Luego vendrán nuestros enfados por ese mundo tan mal repartido, donde sin embargo dentro del desorden siempre hay un orden magníficamente orquestado por Dios. Pero el hombre, para ser sinceros puede ser un lobo o el hermano fraterno que cura tus heridas en el camino como el buen samaritano.

Está en nosotros optar por un camino de ignorancia, que ya es imposible dados los avances técnicos que nos tienen informados y que a veces también nos manipulan para guiarnos por donde los poderosos desean.

Todo queda más claro cuando se sabe que la obra de Dios es la Creación incluida la de la humanidad, y no nos va a abandonar mientras sepamos elevar súplicas a tiempo y destiempo. Porque ” todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. (Juan 16 23b-28). Y la Iglesia pide sin cesar en cada Eucaristía por las necesidades concretas y también generales del mundo. Así que no cesemos de creer nunca que el Padre responde a nuestras súplicas. Aunque también nos enseña a actuar en consecuencia a esas mismas preces.

Yo me pregunto si tras tanta solidaridad no hay un poco de autosuficiencia: unos piensan que basta con entregar migajas y le llaman caridad, otros sabemos que todo aquello que se arrebata a un hermano es una injusticia. Pero también somos conscientes que es del hombre de donde surgen esas injusticias y abominaciones.

De manera que cuando hagamos caridad como dice la Escriturar que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda. Que no armemos revuelo, porque la gracia de la caridad de corazón procede del Padre. Nosotros sin Él no somos capaces de obrar el bien, porque el poco o mucho bien y amor que tenemos procede de esa efusión de Amor que fue capaz de encarnarse para pasar como uno de tantos, hasta llegar a decirnos el Reino de Dios está entre nosotros, cuando somos capaces de corresponder a ese amor. Y que más allá de la muerte está la verdadera vida sin sufrimiento ni dolor.

Me pregunto si somos capaces de creer en ello o sencillamente marcamos el paso con la rutina, sin más perspectiva que dejar pasar el tiempo.

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Acerca de Carmen Bellver

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