Una historial viral: Pablo Ráez

Hoy parece fácil hacer viral un video; una llamada de atención sobre cualquier tema, un acto de solidaridad. Pero no lo es tanto como parece, sin embargo eso es lo que consiguió Pablo Ráez, no detenerse ante la adversidad, le plantó cara al cáncer y solicitó donantes de médula. Este chico consiguió con su historia más que muchos spots publicitarios. Y lo hizo porque llegó al corazón de la gente, con su sonrisa franca, con su porte deportista y toreando a la muerte.

Pero Pablo era un católico convencido en que la muerte no es el final. Lástima que eso no se haya hecho tan viral. Le han llorado, como es lógico, han sentido rabia porque también es normal ante la pérdida de alguien joven y lleno de vida. Sin embargo, la preciosa historia de su conversión personal a los catorce años. De su Bautismo y Comunión a una edad en la que se suele abandonar la cuestión religiosa por la fiesta y la despreocupación, no aparece tanto en los medios. Por eso escribo este post porque ese chaval era un creyente convencido y estaba comprometido en su parroquia como monaguillo. Porque su actitud tiene mucho que ver con sus creencias.

Cuando recibió la cornada de la leucemia, sintió miedo como cualquiera, pero decidió enfrentar la suerte de varas con gallardía. Lástima que el tratamiento no diera resultado, porque para él la enfermedad fue un proceso de madurez personal, de ir reconociendo que la vida vale más cuando se da por una buena causa. Que su historia no era lo importante, sino conseguir subvenciones y ayudas para el estudio de la enfermedad.

Pablo es un icono que nos deja a todos impactados. Porque se va con la sonrisa en la boca, con la convicción de que no ha perdido el tiempo. Su fuerza se escondía en la fe. En esos amigos, como su sacerdote, que lloraba con él en los momentos bajos. En su novia, siempre a su lado. En sus familiares.

Sus palabras desde las garras de la parca fueron un canto a la vida, una reflexión para todos: “Tenemos que ser más felices y ver realmente lo que estamos haciendo por y para el mundo, tenemos que empezar a darnos cuenta de la importancia que tienen realmente las cosas y valorar las verdaderamente importante. Demos más amor, primero a uno mismo y después al mundo. Hasta que no te quieres a ti mismo no puedes querer a los demás. Demos más sonrisas, demos más abrazos, demos más paz, demos la mejor versión de nosotros mismos. Demos gracias a la vida por darnos el gran lujo de poder despertarnos cada mañana, seamos más agradecidos”.

En este tiempo de Cuaresma, recordar a Pablo Ráez es sentir que a veces Dios se sirve de personas normales y las hace especiales, detonantes de la solidaridad y el compromiso de otros en la causa contra el cáncer..Y este joven se preparó para partir del mundo cuando parecía que lo tenía en sus manos. Sin embargo, se curtió como un hombre hecho y derecho en la adversidad.

Me alegra que los medios me hayan dado a conocer su historia, para él la muerte no era el final sino que en ella empezaba la Pascua, la mejor parte, ese confiar en un mundo donde ya no hay dolor, ni enfermedad, ni sufrimientos, ni lágrimas. Ese saber que seguiría en nuestros corazones cada vez que invoquemos en la iglesia por los difuntos.
Pablo Ráez sigue vivo en todos nosotros, quienes creemos lo que él creyó. Quienes soñamos lo que él soñó. Desde aquí mis condolencias a todos sus conocidos. Descanse en paz y brille para él la luz perpetua.

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Acerca de Carmen Bellver

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