Semillas de esperanza

El Papa pide que seamos constructores de esperanza. Lo cierto es que cuando te das una vuelta por las noticias del globo, la esperanza no es lo primero que te viene a la mente. Sin embargo, cuando te fijas en lo anodino, lo que pasa desapercibido a los ojos de los medios y que es un milagro diario, entonces luce en su esplendor esa virtud teologal.

El mundo siempre ha tenido luchas, guerras, catástrofes. Sabemos que nosotros los seres humanos estamos ahí, para remediar esas desafortunadas impericias de la suerte, que hace que unos podamos sentirnos privilegiados, con un modesto salario y un techo que nos cubre de las inclemencias, porque conocemos la historia de tantos y tantos seres sometidos al desamparo y la muerte.

Pues bien la oportunidad de mostrar que el cristianismo es el mejor humanismo que puede existir son esas organizaciones que están en frontera: recibiendo emigrantes en patera; rescatando niñas vendidas como esclavas; denunciando la violencia de unos sobre otros a las Organizaciones Mundiales que tienen el deber de defender los derechos humanos.

Esas pequeñas gotas de humanidad que nos hacen colaborar donando alimentos o dinero, facilitando denuncias en las redes para que se actúe con premura ante emergencias humanitarias. Todas esas fuentes de esperanza y vida están ahí delante de nosotros y debemos alegrarnos de que el hombre a través de su peregrinar por la tierra haya ido participando de la Creación con inventos, medicinas, ayudas y voluntarios que donan su tiempo a los demás.

Hoy el Evangelio nos habla del ciego de nacimiento.( Juan 9,1-3. 5-9. 13-17. 34-38). Nos encontramos frente a un hombre que desea ver, que tiene fe en Jesús. Y el encuentro es iniciativa del Maestro cuando le preguntan,” ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego. Jesús contestó: Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifieste en él las obras de Dios. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Y el relato prosigue devolviéndole la vista.

Pues bien, también nosotros somos luz para los demás, cuando obramos el bien para gloria de Dios. Entonces se manifiesta esa gracia que opera en los corazones y transforma a las personas. Pondríamos una larga cadena de hechos pequeñitos como un grano de mostaza, que sin embargo siguen creciendo sin que nadie sepa ni cómo ni por qué. Es la semilla de la buena gente la que hace que se firmen tratados de paz, se abran fronteras, haya diálogo, respeto entre los diferentes credos y todos busquen el bien común.

Hay que buscar a esas personas que dan esperanza, están a nuestro alrededor, son como nosotros seres corrientes, con un plus de dedicación a los demás. Ellos defienden los derechos de los menos favorecidos por la sociedad, construyen la nueva humanidad.

Si hay algo que nos debe preocupar a lo largo de nuestra existencia es haber sido hombres y mujeres que actúan como miembros positivos de la sociedad. Que dan esperanza allí donde todo es oscuridad y desesperación.

Que el Señor nos fortalezca para colaborar en buenas causas y así seguir los pasos de Jesús.

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Acerca de Carmen Bellver

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