Sin proselitismos pero con contundencia

>Los pueblos maduran como las personas a base de encontronazos: zascandiles que se cruzan en tu vida, zancadillas de quienes creías amigos, ese es el lado oscuro; pero también está el lado de la luz: gente que te echa una mano con altruismo; profesionales que te aconsejan en momentos de dudas.

Nosotros ahora estamos asistiendo a esa pulsión entre el lado oscuro y el de la luz. Tenemos la esperanza de que de esta crisis salga algo mejor, un mundo renovado. Y lo esperamos porque el abismo no es un lugar agradable donde pasar el resto de la vida.

Personalmente tengo mucha esperanza con la recristianización de Europa. Hemos caído tan bajo, estamos tan inmersos en una sociedad que ha hecho vacío de sus principios para sustituirlos por un consumismo desaforado y un nihilismo amorfo, que solo queda resurgir de las cenizas. Y lo haremos en minoría pero con mayor autenticidad.

Algo se barrunta en la nueva evangelización de las parroquias. Se implantan nuevos estilos que no son mero consumismo de sacramentos. Hay que hacer visible la Iglesia que camina junto a los más desfavorecidos y la que ora por toda la humanidad doliente.

El encuentro con Dios se suscita con preguntas sobre los humano y lo divino. Y del diálogo abierto surge la inquietud. El compartir se hace necesario y el salir al encuentro del otro una prioridad si no queremos seguir vegetando de las mismas fuentes y con las mismas gentes. Para llegar al otro habrá que hacer algo, en eso la Iglesia precisamente es maestra durante décadas desde el Vaticano II.

Pero quienes vivieron aquella primavera genial, son ahora personas desencantadas que han visto el invierno eclesial más que florecer las semillas sembradas. Sin embargo esa es la dinámica de la obra de Dios, que no sigue nuestros caminos. El nos ha prometido que estará con nosotros hasta el final de los tiempos. Y mientras llega ese momento, sabemos que hay brotes verdes que surgen puntualmente. Hay que darlos a conocer, hacerlos visibles. Son jóvenes que apuestan por Dios y dejan sus brillantes carreras aparcadas para ponerse al servicio del Reino.

Luego están las parroquias que no atraen a la juventud, porque éstos están a otras cosas, vienen de familias donde no se ha cultivado la fe desde la infancia, consumen los sacramentos como un acontecimiento social y planean como drones sin aterrizar en el encuentro con Dios.

El diálogo fe cultura es hoy si cabe más difícil que nunca, puesto que la fe ya no está incardinada en la cultura y la sociedad, quedan los vestigios de las épocas donde desde pintores, filósofos, literatos y otros miembros creativos de la sociedad, participaban del hecho religioso en sus obras. Había un mecenazgo cultural que está reflejado en los museos y las obras arquitectónicas o literarias.

Por eso el mundo virtual de las redes tiene que ser conquistado, así como la televisión y el cine. Necesitamos dar testimonio en todos los ámbitos sociales y si cabe no parecer bichos raros. sino personas con unos principios que les hacen felices.

Entramos por tanto en la dinámica de buscar una nueva evangelización sin proselitismos, dice el Papa Francisco, pero con contundencia se aprestan a añadir los entendidos.

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Acerca de Carmen Bellver

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