“La soledad sonora”

Cuando llega este tiempo de sosiego que llamamos vacaciones, muchos no pueden ni saben disfrutarlas. Al parecer todo consiste en llenar las horas de experiencias nuevas, ciudades, museos, paisajes. Y en ese sentido, es de agradecer disponer de tiempo para reflexionar, para profundizar en aquello que normalmente dejas sin resolver, envuelta en el remolino de la vida. Sin embargo, los místicos y los poetas hablan de la soledad sonora. Hoy es difícil que la gente acepte el silencio en su vida, que no viva conectado a la tecnología, que no sepa parar. No obstante, cuando se entra en el camino de la oración, comprendemos que es necesario hacer silencio y llenar esa soledad con frases cortas, salmos, fragmentos del Evangelio. Todo ello repetido en profundidad, hace que esa soledad se convierta en sonora. Que puedas estar en contacto con lo divino de manera intensa. Que la paz y la serenidad te envuelvan todos los días.

En este tiempo de vacaciones, algunos buscan esos espacios de soledad para hacer un hueco al encuentro con Dios. Un hueco que les permita aprender a vivir lo cotidiano y lo divino al unísono. Se retiran a monasterios y viven unos días de ejercicios espirituales.

Es curioso que algunos religiosos busquen por el camino del zen, aquello que los místicos encontraron en la oración mental o vocal. Nos gusta experimentar fórmulas nuevas. El ser humano cede a la monotonía en la oración y ansia encontrar nuevas experiencias que lo alejen de la sequedad. Puedo asegurar que mantenerse firmes en las oraciones que nos enseña la Iglesia, permite abrirse a la soledad sonora.

No hace falta ser muy instruido para comprender lo que dice el Evangelio: “Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto, Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”.

Vivir lo cotidiano conectados a lo divino precisa de cierta fuerza de voluntad y un deseo firme de vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Quien no pide grandes cosas, sino precisamente que lo que realicemos lo hagamos conectados a Él.
Se puede ir por la calle orando. Recorrer un trayecto de autobús ensimismados en lo divino. Dar gracias constantemente por el día que transcurre. La soledad sonora es ese espacio que reservamos a lo más sagrado.

Busquemos en nuestro interior esos momentos, aprendamos a cerrar la puerta de la habitación para hallar en lo secreto al Padre. Y de manera increíble la visión del mundo se transforma y nosotros vamos cambiando: “naciendo de nuevo”.

Mis felicitaciones a todos aquellos que conocen esta experiencia, hagamos publicidad de la misma, guiemos a otros en su camino Como nos dice hoy el Evangelio “El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semilla, cuando crece es más alta que las hortaliza; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas”.

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Acerca de Carmen Bellver

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