“Que tu Misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”

Las guerras son producto de mal: la avaricia, el ansia de poder, el afán de dominio. Tienen algo de perversión inhumana. Vivimos ahora en una tercera guerra mundial que mantiene unos parámetros de locura. Las víctimas están indefensas, son de distintas nacionalidades, no importa el credo que profesen, no hay diferencia entre hombres, mujeres y niños. El absurdo se adueña de las calle y golpea sucesivamente a distintas ciudades y poblaciones.

Lamentamos profundamente los acontecimientos terroristas de Barcelona y Cambrils. Un grito clamoroso se eleva de todas las gargantas “No tenemos miedo”. Y la vida continua sabiendo que más pronto o más tarde volveremos a ser golpeados en lo profundo de nuestras entrañas.

Hoy La Sagrada Familia de Barcelona reunía a gentes de buena voluntad de diferentes razas y religiones. Todas ellas querían orar por la paz y la concordia. Se sentía profundamente golpeadas en su corazón por las víctimas y los heridos, por las consecuencias que conllevan estos hechos.

Pero si algo queda claro es que nos hemos convertido en sociedades plurales, deberíamos exigir a todo extranjero que desee convivir con nosotros jurar defender los derechos humanos, la democracia y la constitución del país donde buscan prosperar.

Deberíamos darnos cuenta de que estamos todos en peligro, para los asesinos fanáticos y terroristas no hay diferencia. Se enfrentan a nuestra civilización y quieren someterla sus leyes medievales. Es un enfrentamiento extraño difícil de entender en una sociedad plural. Sin embargo, la realidad nos muestra que estamos en permanente estado de peligro.

Oremos, por tanto, de maneja conjunta los diferentes credos que están dispuestos a vivir en paz y respetar las normas que nos rigen. La fuerza de la oración cambia los corazones. Lo irracional de los actos terroristas juegan a favor de la lucha por la paz. Estos asesinos, ni siquiera merecen ser juzgados con las leyes democráticas, sino con las que ellos utilizan en su zona de influencia.

Tengamos en cuenta que el respeto a la vida es el primer derecho humano que hace posible la convivencia en paz.Me uno al dolor y la solidaridad con todas las víctimas y sus familiares, ruego por la pronta recuperación de los heridos. Y espero que las vendas caigan de algunos ojos dispuestos a abrir brazos sin condiciones.

Hoy el Señor en el Evangelio acoge a una extranjera con otra fe que le suplica por la curación de su hija. Confiemos que nuestra oración llegue también a esos corazones pervertidos por el fanatismo y sean sanados de su maldad.

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Acerca de Carmen Bellver

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