Libros: fragmentos

15943294121_4a7f19bd64  AL AMANECER DE LA VIDA

La vida proseguía y ella dejaba pasar el tiempo ciñéndose a unas pautas ordenadas y metódicas, libres de sobresaltos, pero sin dejar de pensar un instante que en su camino se había cruzado con un adolescente que la necesitaba. Alguien que podía estar debatiendo internamente el comportamiento de los representantes de Dios en la Tierra. Le conocía lo suficiente para saber que tenía una fe sincera, todavía tierna e inocente, a la que el zarandeo de un mal gesto del padre Joaquín se podía trucar en aversión profunda hacia el clero y la misma institución eclesial, para descargar las culpas finalmente en Dios.

La fe siempre era un misterio, una experiencia exclusiva de un alma que llevaba adherida el culto, los sacramentos y el ejemplo de otros creyentes. Y la primera crisis resultaba decisiva para perseverar. Había que estar del lado de quienes comenzaban a despertar a la duda, la incertidumbre, aquellos vaivenes iniciales resultaban peligrosos sin una mano experta que pudiera despejar cada incógnita a su paso. Se le iluminaba el recuerdo de sus primeras preguntas existenciales, donde pasó de creer por decreto, por rutina, por costumbre a una vivencia personal intransferible. Ese encuentro inefable con El Absoluto era la clave para superar cualquier crisis Pero ninguna experiencia era idéntica, el regalo profundo de Dios consistía en salir al encuentro del alma de manera íntima y personal.

Reunión en el BelvederLO NUESTRO HACE AGUA

La noche había sido una larga vigilia. Su relación con David la atormentaba tanto que, había demorado sus pensamientos horas y horas, dándole vueltas a la frase que él le había dicho el día anterior. Reconstruía la escena con la meticulosidad de un director teatral, recordando hasta el más mínimo detalle. El le dijo que suyo hacia agua, justo en el momento que entraron unos jóvenes con aspecto desenfadado y bohemio; probablemente eran cinco estudiantes de Letras, o tal vez de Bellas Artes, que hablaban con la pasión efusiva de la juventud que va descubriendo el mundo. Alababan la fuerza dramática de los actores, y la brillante puesta en escena, con un decorado sobrio, muy moderno, parco en objetos; obligando al espectador a centrarse en el texto y los actores. No era difícil deducir que terminaban de asistir a la representación teatral del Centro Dramático que estaba justo al lado Resultaba curioso que el local donde ellos estaban también fuera sobrio; mesas redondas de mármol muy de tertulia de café de principio del siglo XX, luz tenue proyectada por lámpara con forma de candela adosadas a las esquinas, paredes diáfanas de color melocotón, barra funcional aunque con cierto glamour. Era uno de los pocos lugares donde todavía se podía hablar sin sufrir la presión de los decibelios, torpedeando los oídos con la música a todo volumen. A lo sumo podías encontrar una actuación de música de cámara, o la improvisación de cualquier estudiante de conservatorio al piano de cola que estaba situado en el centro del local.

“Lo nuestro hace agua”.Le había repetido David insistentemente. Y su boca se había tensado como una cuerda de arco, mientras su mirada adoptaba un aire expectante. Llevaban junto dos años, los suficientes para conocer en su expresión el rictus de lo definitivo. Esas cosas se saben, van intuyéndose poco a poco, hay palabras y gestos que no dejan resquicio a la replica, que no admiten el diálogo…..

Habitaciones aisladas      HABITACIONES AISLADAS

Su madre le repetía “que el buen paño en el arca se guarda, pero si no se airea se apolilla”. Tras seis meses seguidos de ir al trabajo y luego al hospital, comenzaba a comprender el empeño didáctico de su progenitora. De todos modos, sobrellevaba la situación con el convencimiento de que era transitoria y que tendría tiempo para encontrar al hombre de su vida. Ese pensamiento le resultaba consolador, sin advertir que también era peligroso. De momento, cuando vio al agente de seguridad, sufrió un estremecimiento general de los sentidos. La prolongada espera del paladín de sus evocaciones oníricas, había agudizado sus registros más íntimos. Solo una mente impactada como la de Sofía, podía llegar a interesarse en un hombre que representaba toda una novedad después de tantos meses de rutina hospitalaria. Pero toda mujer padece en alguna ocasión el derrumbe del flechazo, la total obnubilación, el trance incondicional del enamoramiento. De manera que Sofía tuvo muy claro que debía toma la iniciativa, sin cuestionar el descaro de su presentación.

– ¡Hola, que tal!. ¿Tú eres nuevo aquí verdad?

– ¿Cómo dice, señora? – respondió la víctima espantada ante un abordaje tan discotequero.

– Anoche nos hubiera venido muy bien tenerte por aquí – prosiguió ella completamente lanzada- Tuvimos un jaleo de mucho cuidado.

– Si…si, algo me han contado.

– Me llamo Sofía Perelada y estoy en la habitación 2-B

– ¿Algún familiar?- preguntó el agente, ya del todo cortado ante el desparpajo de la otra.

Sofia paso olímpicamente de responder, decidida como estaba a llevar las riendas de la conversación.

– Oye, ¿te importaría decirme tu nombre?. Ya sabes, por si hay que llamarte.

– Enrique..Enrique Lemani – respondió con aire marcial, dándole a entender que era un profesional en acto de servicio.

geografía de presencias CARTA DE VAN GOGH A SU HERMANO THEO

Los vecinos me llaman el pelirrojo loco

porque llevo amarillo cadmio en las venas

y perfilo los sueños de azul ultramar.

En el corazón de París atravesé las calles

en busca del sendero del color.

De mí brotará la luz de los contrastes

junto al misterio de un son en espiral.

Voy en pos de una razón para vivir,

la creí encontrar pintando girasoles,

por eso me siento mejor en el campo

resplandeciente de luz violenta,

henchido de pasión como los segadores.

Querido Theo, no he abandonado

el retrato turbado de mi propia agonía,

la visión de Arlés que te envié, hizo ver

a mi imagen de naranjas y verdes,

dominar los contrarios de la pura armonía.

Aquí en Auvers sólo queda

el recuerdo de una búsqueda vana,

el tormentoso cielo serpenteante de cuervos.

Adiós Theo, hermano, “por mi trabajo

arriesgo mi vida y mi razón, medio destruida”.

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