Santiago matamoros: con perdón

La vida en muchas ocasiones resulta irónica y nos gasta bromas pesadas. Seguiremos celebrando el 1 de mayo aunque la mitad de la población esté en paro y el resto tenga que trabajar todos los días y con ello incluyo el domingo. Desde que el laicismo corta y pincha como quiere en las leyes, Santiago seguirá siendo el patrón de España, pero su culto ha tenido que dejar de ser obligatorio. Mañana será un día laborable en la mayoría del territorio español, salvo en la Comunidad Gallega.

Y con ello los mismos ciudadanos vamos perdiendo raíces que antes nos mantenían unidos. Santiago era uno de los hijos del Trueno. Un apóstol que llegó desde oriente a lo que se llamaba el Fin del mundo “El finisterre”. Más allá ya no había nada, Colón tardaría siglos en descubrir la falsedad de esa imagen que estaba grabada de manera global en la mente de muchos. Por supuesto se conocían las islas británicas. Pero lo que es suelo sólido quedaba allí en el cabo de Finisterre.

La divisa “Santiago y cierra España” se convierte poco menos que en un grito profanador a la bonhomía del colectivo en el que nos hemos ido convirtiendo, no vayan los musulmanes a enfadarse y subirnos el precio de las verduras. La historia por tanto se esconde debajo de la alfombra, no es de buen tono reivindicar determinadas cosas.Aunque yo apunto a que investiguen en esa dirección porque encontrarán un hecho histórico fundamental para nuestro país.

Y así con ese aire de relativismo que venimos construyendo durante cerca de cuarenta años. Nuestros jóvenes desconocen figuras que a nosotros nos hacían sentir orgullosos de ser españoles. Hoy se lleva lo contrario desde algunos rincones que defendieron con ardor la bandera rojigualda, se tiende ahora a quemarla o profanarla del peor de los modos. Ser español resulta peligroso dependiendo de donde te sitúes geográficamente.

Y ser católico practicante ha derivado en una especie de “rara avis” que alza los hombros cuando se critica a la Iglesia o defecan directamente en lo más sagrado de nuestra fe. Pocos, muy pocos, toman la iniciativa apologética de defender su fe, como muchos otros miran de lado cuando se ataca a España en determinados rincones de la piel de toro. El caso es que parece que la dinámica de la historia sigue esos ritmos oscilantes de indiferencia ante lo más relevante. Hasta que llega lo inevitable y la sangre vuelve a corres por nuestras venas.

Y por esas cosas de la vida una ha sentido verdadera pena frente a determinadas personas que se llaman solidarias, enrolladas y molonas, pero que no sienten orgullo ni de su país, ni de su fe. Una se da cuenta de que hay varias generaciones perdidas, como se llegó a llamar a aquellos jóvenes sobrevivientes tras la primera guerra mundial. En este caso son los hijos nacidos en la Transición y educados según la ideología pedagógica más avanzada de su época. Algunos ya les han etiquetado como los ni-ni, o directamente los merengues, incapaces de entender que la resiliencia del ser humano se construye con esfuerzo.

De eso saben más los abuelos que sostienen hoy la economía de tantas familias golpeadas por la crisis. Esos abuelos que comenzaron a trabajar cuando todavía llevaban pantalón corto y ellas seguían con los calcetines y las trenzas. Hubo varias generaciones que tuvieron la dicha de cambiar de trabajo a lo largo de su dilatada vida, pero no porque les vencía el contrato sino porque se iban superando poco a poco desde lo más bajo. De esos españoles tenemos que sentirnos orgullosos porque gracias a su esfuerzo vino detrás todo lo que en teoría debería habernos situado entre los mejores. Y el espejismo duró apenas un lustro con aquello de ser al fin europeos, de tener unas Olimpiadas en nuestro país, de celebrar los quinientos años del descubrimiento de América. Fueron ciclos de euforia permanente, donde nadie pensaba en la balcanización de España ni muchos menos que en su pueblo habrían noventa nacionalidades campando por sus calles.

Tras esta larga disertación vengo a retomar la figura de Santiago Apóstol, para que en la medida de lo posible celebremos la fecha aunque sea con la típica tarta de almendra. Que la repostería también hace país y sobre todo une pueblos.

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La guerra que nos viene si alguien no lo impide

Lo digo con tristeza, pero es lo que presiento desde hace años. Al final nos vamos a enfrentar con el mundo fanático del islamismo, o sencillamente quedaremos abducidos y para muestra tenemos los ocho siglos largos que España fue propiedad musulmana. Y lo fue porque se aprovecharon de las divisiones internas, de los pactos con el enemigo para enfrentarse a un hermano en la fe. España es el vivo reflejo de lo que le puede pasar a toda Europa.

Mientras se silencia el genocidio de cristianos en Irak, Siria o Irán. El oriente donde surgió la fe cristiana ha sido literalmente masacrado sin que apenas se hayan inmutado las organizaciones mundiales. Ya no queda un cristiano y los que permanecen, desde luego han tenido que pasar por la conversión forzosa. Esta masacre que conculca los derechos humanos no parece afectar a las organizaciones internacionales, dispuestas siempre a mirar hacia otro lado. Todavía estamos recordando la vileza de los cascos azules en Srebrenica, como abandonaron a la población y se retiraron, posibilitando una masacre inhumana.

Y la dinámica sigue igual línea en los países que han sido crisol de culturas, donde convivieron diferentes credos sin problemas a lo largo de los siglos. Sin embargo, el enemigo más poderoso del ser humano: el fanatismo. Ha roto los moldes de convivencia en multitud de regiones Orientales, donde como Afganistán, jugaron su papel las grandes potencias, vendiendo armas sin prejuicio, hasta que su avaricia se trocó en un peligro para ellos que habían ayudado a iniciar “la guerra santa”.

Y si todas las fábricas de armamento dejaran de funcionar y no se traficase con drogas a cambio de armas, como sucede en tantísimos países. Es posible que algunos tuvieran la oportunidad de empezar a vivir en paz y armonía. Pero esto es un problema que ha ido incrementándose, a lo largo de las últimas décadas. Y el futuro pinta negro. Con alta tecnología o sin ella. El peligro real de la islamización del mundo occidental se ve venir ante la pánfila propuesta de estadistas simplones como Zapatero que proclaman una organización mundial para controlar las religiones.

Y es que algunos todavía no se dan cuenta que no se trata de una lucha de religiones, sino de modelos de vida. El siglo XXI occidental frente al 1435 que se corresponde con unos valores próximos a la edad media. Especialmente en lo que se refiere a la mujer y a la cultura occidental.

Y mientras, los panolis de turno, siguen cediendo suelo para construir mezquitas. Sin pensar en el sufrimiento de miles de cristianos que han sido y están siendo masacrados en Oriente. ¿Por qué no se les pide una reciprocidad?. ¿Por qué reciben ayudas sociales que necesitan ya urgentemente nuestra población?. Esto no es una cuestión de racismo, sino de supervivencia. Los Reyes Católicos fueron mucho más sabios que los estadistas que nos han tocado en suerte.

Desde España se están enviando terroristas a Siria, y ya tienen la nacionalidad española. ¿Nos hemos vuelto locos?. Andamos tan preocupados en los problemas locales que esta realidad aplastante, nos pasa inadvertida. Y como mucho sentimos pena del pueblo palestino en la franja de Gaza. Sin pensar que Israel lleva más de cincuenta años intentando mantenerse en un territorio lleno de enemigos. La paz es un don que sólo puede conseguirse cuando ambas partes reconocen que hay demasiada sangre derramada, que se tiene que poner punto final a la muerte indiscriminada de civiles. Que nos merecemos una oportunidad para vivir en convivencia.

No tengo soluciones, pero desde luego puedo afirmar que la gran guerra está ahí a la vuelta de la esquina. Y Europa será el primer bocado porque adolece de ganas para defender la fe y la cultura propia. Y está dispuesta a cualquier pacto, antes que pasar a aplicar lo que debiera ser una buena limpieza en toda regla.

Porque me gustaría pensar que los musulmanes europeos se han vueltos occidentales, pero es que constato día a día que ellos siguen firmes en sus costumbres y dispuestos a imponerlas por la fuerza a poco que nos descuidemos. Que Dios nos proteja.

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Del erial al jardín frondoso de la fe

La Iglesia sigue preocupada por la trasmisión de la fe. Es consciente que si falla en el núcleo familiar, se viene abajo como un castillo de naipes. Por eso constata cada año como muchos niños hacen su primera y última comunión. Convertido el acontecimiento en un mero acto social. Del mismo modo sigue viendo como los adolescentes que reciben la Confirmación desaparecen de la Iglesia al poco de recibir el sacramento. Y no hay recetas mágicas, ni pastoral adecuada, ni catequistas superiores a otros. Ni sacerdotes con mayor poder de seducción.

La fe sigue siendo un encuentro personal, una gracia. Y la única manera de despertar los corazones dormidos pasa siempre por llevarles a las preguntas últimas. ¡Qué sentido tiene tu vida!. ¿Somos cristianos de cumpli-miento?. ¿Sentimos que hemos encontrado el tesoro por el que vale la pena arriesgar todo?. Despertar el ansia de lo eterno, la vocación del amor, está hoy reservado a grupos pequeñitos. No a esas masas enfervorizadas que acuden a los actos multitudinarios porque es la escusa ideal para viajar y enrollarse con los de su grupo.

La semilla sigue siendo algo pequeñito he inadvertido. Y lo más curiosos es que está en manos de otro, no precisamente en las nuestras. Es fruto de la gracia que actúa en lo profundo del corazón. Por eso vale la pena que nadie se desanime y mucho menos que alguien se enorgullezca de tener un convento rebosante de jóvenes o un seminario lleno.

Por supuesto que hay estilos y modos que pueden ayudar o perjudicar en ambas direcciones. Pero la única receta sabia y profunda que se nos pide es que reflejemos autenticidad en nuestras vidas. Que se huela el aroma de la levadura fermentando en la masa. Que la cizaña que todos llevamos a cuestas no espante demasiado, no sea tan destructora que haga salir corriendo en otra dirección.

Y como siempre, se pide la fuerza de llevar a cabo la trasmisión del evangelio con el modelo de aquellos primeros cristianos que vivía sumidos en la oración y los sacramentos, y con la alegría contagiosa de sabernos dueños de un tesoro. En definitiva el evangelio de este domingo muestra que la humildad, la constancia, la oración y la gracia, son esa semilla que puede crecer junto a la cizaña que siempre nos rodea, sin que destruya el trigo.

Tal vez habría que lanzar una catequesis familiar. Que los padres de esos niños a quienes se les apunta para recibir la comunión, tuviesen que oler el perfume de la fe. Y si no quieren, pues nada se pierde, porque en definitiva el vínculo está roto ya desde el principio.

Pero también puede pasar que esos pequeños cursillos de confirmación queden como un poso de brasas semi-apagadas que en un momento determinado vuelven a prender en un fuego incandescente. No son pocos los que se alejan y vuelven a casa como el hijo pródigo. Son muchos los que salen a darse encontronazos con la vida hasta volver a sentir la necesidad de regresar a casa.

La verdad es que tras llevar casi nueve años en los medios de comunicación, con la única pretensión que hacer visible el humanismo cristiano con artículos de opinión sobre la actualidad o bien, sobre determinados acontecimientos religiosos. Todos somos conscientes que las páginas religiosas han crecido desde el erial al jardín frondoso con diversas especies, que ofrece experiencias de todo tipo.

Las nuevas tecnologías son hoy el banderín de enganche para recalar con tranquilidad en algún abrevadero que sacie nuestra sed espiritual. Y vale la pena que dentro de este mundo identifiquemos con claridad quienes son trigo y quienes cizaña. Porque anda todo muy revuelto. Pero si el Señor quiso que esto fuera de esta manera, no hay de qué preocuparse. El sabe cómo llegar a un corazón.

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La oración en tiempo estival

En este tiempo de canícula estival conviene recargar pilas en todos los sentidos. No sólo es precioso oxigenar el cuerpo, darle un bronceado específico a la piel, desplazarse en un viaje para certificar las vacaciones. No, también es tiempo de dedicar más horas al Señor. De leer novelas de ficción junto a otras obras que alimentan el espíritu. Es tiempo de ocio constructivo. Donde la familia se reúne haciendo piña frente a un menú típico del estío

Mi propuesta ha sido ofrecer unas páginas, que valen para todo el año, pero que tal vez en estas fechas con horas de reposo y días de más sosiego, se puede practicar la lectura del evangelio y la meditación. Para quienes nunca han practicado la oración mental es un inductor que inicia en esa dirección. Aunque en mi opinión cada persona tiene unas características específicas y no todos pueden hacer oración mental, ni mucho menos. Más en estos tiempos de vértigo acelerado donde estamos pendientes de decenas de inputs visuales o auditivos, que hacen imposible descansar nuestra mente y sosegar el espíritu.

Por eso recomiendo esta página que ya he colgado en mi blog personal para que sea un acceso de diez o doce minutos al día, de calma y conexión con la parte espiritual que nos conforma a todos en comunión.

Ya me dirán si la idea es acertada o tampoco es posible sosegarse durante unos minutos escuchando la Palabra de Dios, la música con mensaje espiritual, el sonido del alma en la profundidad del corazón. Yo la estoy utilizando desde hace mucho tiempo junto con otras páginas de la liturgia de las horas. Es mi manera de recoger aliento para seguir caminando por esas calles pedregosas de la vida, en las que casi siempre tenemos algún tropiezo que nos impide la paz y nos perturba hasta retornar a tomar las riendas de nuestra vida.

Sólo hay que pulsar los enlaces y tendremos acceso a un nuevo puerto desde donde poder partir al encuentro del Señor. Y a los que disfrutan de vacaciones mis mejores deseos para que también puedan encontrarse con el Señor.



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Y con Internet falleció la privacidad

Hemos entrado de lleno en la Nueva Era. Ya nada será como antes. Mis alumnos no entienden el sentido de escribir una carta, cuando se puede enviar un WhastApp o un SMS o un email. Todo rápido, corto, sin mucho vocabulario ni imágenes literarias, ni filigranas verbales. Han nacido en la época de Internet. Y cuando leen libros de otras épocas no se imaginan que se pudiera vivir sin nevera, sin televisión, sin electricidad. Precisamente eso es lo bueno de la literatura, que nos mete de lleno en épocas diferentes, que nos alumbra historias que nunca hubiéramos imaginado, que nos enriquece el vocabulario y nos hace llevar un registro de palabras desconocidas. Usar el diccionario es descubrir la parte oculta de las palabras que suenan raras y extrañas.

Ese es el camino de hoy para amar la literatura y leer no ya los libros de texto que pueden resultar súper aburridos, sino a esos grandes maestros que hacen sencillo lo complejo. Quien ha estudiado algo de filosofía recordará sin duda lo mucho que disfrutó con El Mundo de Sofía de Jostein Gaardern. Personalmente me hizo recordar mi profesor de filosofía que le daba sentido a todos los textos de Aristóteles, Platón o Sócrates. Reconociendo en cada uno de ellos las preguntas fundamentales que dan sentido a la existencia. En la medida que se olviden las humanidades, perdiendo peso a favor de una técnica que no está supeditada a mejorar la sociedad, sino a crear negocio, más fácil será dominar al individuo, masificarlo, sopesar sus intereses y sacar beneficio de todo aquello por lo que se siente atraído.

He empezado un curso de lenguaje informático y me pierdo en el mundo de los bits y el temible marketing digital. Porque el marketing ya fue inventado con anterioridad pero ahora recoge información de todas nuestras cuentas de correo y redes sociales. Hoy vale la pena desaparecer en el anonimato y no existir para Internet. Seguramente con ello ganaríamos independencia, aunque nos condenemos a cierto grado de ostracismo. La vida es un aprendizaje continuo y no podemos olvidar que el futuro es hoy la red. Pero si debiéramos protegernos en la medida de lo posible.

Yo me he negado muchas veces a poner mi fecha de nacimiento. Y lo curioso es que ahora me sale en la página de inicio el horóscopo que corresponde a la fecha falsa. No he querido poner muchos datos familiares y no he subido ninguna foto personal. Odio que me reenvíen, pero terminaremos todos identificados de un modo u otro. Porque los dichosos stmarphones nos hacen a todos vulnerables de ser abducidos por cualquiera.

Si cruzamos los datos que piden algunas corporaciones como el DNI o la fecha de nacimiento, descubriremos que hay empresas dedicadas exclusivamente a atar cabos de todos nuestros datos. La misma policía advierte con razones de peso que no publiquemos fotos de nuestro lugares de veraneo. Que no descubramos nuestras escapadas del hogar. Porque ahora no se trata de que el vecino esté al tanto de nuestro correo. Es que la propia red es un libro abierto de nuestra persona.

Para quienes disfrutamos escribiendo, nos resulta muy duro esto de tener que cubrirnos las espaldas. Algunos lo han hecho bien desde el principio escogiendo nombres de personajes ficticios. No sé, a mí por ejemplo no me gusta admitir por amigo un nombre sin foto. Los casos que añado es porque son conocidos reales. Nada de personajes de muchos seguidores.

Hoy la técnica se impone E-comerce; Cloud Computing el mismo Google Analytcs, todos contratan datos y ofrecen mensaje subliminales que como dato curioso intentan vender el producto que se supone más nos agrada, más falta nos hace, o por el que más nos hemos identificado.

Ojo al dato. Esas empresas venden información a otras corporaciones. Por eso, insisto que al utilizar la web informemos a nuestros alumnos e hijos de que ese espacio global y atractivo, también es una fuente de striptis personal. Es fabuloso que pueda leer la carta pastoral que cada domingo publica mi arzobispo. Es genial que pueda leer decenas de opiniones de conocidos que me son afines por cultura o religión. Pero detrás de todo ello se oculta siempre la mano oscura. En cierto modo aquellos que no piensan como nosotros, que tienen otros intereses, nos catalogan inmediatamente. Y no todo el mundo es tolerante con ciertas opiniones o información.

Pues bien. Seguiremos navegando y manifestándonos porque para quienes nos gusta escribir es una manera de llegar al público que con anterioridad pasaba inevitablemente por las manos de alguien que decidía por ti, valorando si lo tuyo se publicaba o no. Pero no olvidemos que la aldea global es un peligro real que hay que medir y sopesar.

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Argentina versus Alemania: honor y competitividad

Estoy convencida que el deporte es sano en multitud de vertientes. Fomenta la solidaridad, la competitividad, la cooperación, el espíritu del esfuerzo. Pero al mismo tiempo tiene como todo en la vida, una cara oculta y oscura: la del fanatismo, la peor de las caras, porque allí no se tiene en cuenta quién juega mejor, ni cómo lo hace. Entonces el deporte se convierte en una ideología, en un partido, en un ídolo al que se le sacrifica todo el buen rollito asociado de la deportividad.

Me ha gustado siempre participar como jugadora en la sana rivalidad de un equipo. Pero me da miedo esos hinchas que no parecen ejercer otra profesión que la de seguir por todo el mundo a su equipo. Unos iluminados que pueden provocar altercados fuera y dentro del campo. Ese tipo de comportamientos es propio de psicópatas. Parecen personas normales, se comportan como seres civilizados, pero en un momento determinado se les va la pinza y, cometen todo tipo de desmanes.

Ahora que estamos viviendo la final mundial del fútbol. Yo sigo asustada cuando descubro en el metro un grupo de hinchas con sus camisetas del club preferido, dispuestos al “oheoooheooohe” y que todo el mundo les ría las gracias. Y si nos vamos al presupuesto que manejan los clubs de fútbol te puede dar la taquicardia pensando que un sólo jugador vale tanto como la inversión en sanidad de un país determinado. Y no voy a decir del tercer mundo. Porque con esto de la globalización ya somos todos uno. Y por ello hemos llegado a grandes y espantosas diferencias entre unos u otros.

De modo que bien por el fútbol. Bien por todos los jóvenes que juegan en su equipo cada fin de semana. Bien por el esfuerzo que supone entrenarse tras una jornada de trabajo o estudio. Bien, siempre y cuando, no se pasen al lado oscuro del deporte. Al del fanatismo que no sabe de reglar y normas, de quien juega bien o mal, porque sencillamente se trata de que unos son de los nuestros y los otros se convierten en enemigos.

Es curioso que previo a la Segunda Guerra Mundial se organizaran unas Olimpiadas con un sabor tenebroso en el ambiente. Al que fueron capaces de sustraerse exclusivamente los deportistas, para quienes felicitar al contrincante fuera cual fuera su raza o país, era un deber y un honor.

Y me gustaría que ese sentido del deber y el honor, tomase de nuevo las riendas de estos mundiales que están a punto de finalizar. Y no voy a poner pegas a que curiosamente se enfrenten Argentina y Alemania. Las piruetas que da la vida ya no me sorprenden. Pero si que agradecería que todos los seguidores de este deporte valorasen en juego, no el equipo. Y así tal vez nos sustraeríamos de comentarios jocosos que van corriendo por la red, sobre si la cosa se queda con una Papa alemán o el nuevo Papa Argentino.

Es que me parece fuera de lugar semejante comparación. Seguro que ambos Papas si son aficionados al deporte estrella, se rían jocosamente de que el azar haya elegido a sus respectivos países como finalistas. Seguro que les parece todo una broma a la que mucha gente está sacando de tiesto.

El ocio es el peor enemigo de la razón. Decía “Santa Teresa de Jesús que la imaginación es la loca de la casa”. Lo dijo en el Siglo de Oro y han pasado más de quinientos años y sigue siendo una verdad que algunos hacen suya sin importarles demasiado quedar como facinerosos que van tras un titular sin sentido. Pero seguro que oiremos muchos de esto tras el partido.

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Los charnegos también son españoles

No es porque lo diga Vargas Llosa en la Vanguardia, que como otros muchos premios Nobel, ha metido la pata hasta el corvejón en temas políticos. Pero todo intelectual tiene derecho a expresar su opinión, de eso se trata, de valorar diferentes puntos de vista. Y en este siglo XXI el nacionalismo que se ha ido fomentando durante treinta lagos y plácidos años de democracia en España, es hoy el mayor peligro de la paz social de nuestra Nación.

Y no digo nada nuevo que no hubiera expresado con anterioridad. Desde que Yugoslavia se fragmento dando paso a esa guerra de finales del pasado siglo. Vimos como era posible que gente que había convivido en paz, terminara por cometer las peores tropelías. Y no voy a poner etiquetas a nadie. En la guerra me queda muy claro que sólo hay víctimas. Y los ganadores tienen que cargar sobre sus espaldas también a los muertos de la otra orilla.

El nacionalismo es un cáncer y estamos asistiendo a su quimioterapia. Voces de lugares diferentes y con opiniones políticas diversas, se han dado cuenta de que hay intereses ocultos para fomentar la división y el enfrentamiento. Albert Boadella fundador dels Jogalrs, grupo perseguido en su momento por catalanista y antifranquista, se ha ido a vivir a Madrid. No puede aguantar tanta mezquindad. Y Joan Manuel Serrat que es charnego, hijo de las dos culturas. Ha terminado también por hacer uso del lenguaje mucho más universal que es el castellano.

Si además vives en un territorio que ha sido anexionado de manera alucinante a los países catalanes. Finalizas oyendo que Luis Vives y Asías March son también catalanes. Por la misma regla de tres en raya Colón ha terminado siendo catalán. Y la Corona de Aragón que lleva las cuatro barras amarillas y rojas, deja paso a un principado que hoy quiere ser nación y formar parte de ese proyecto llamado Unión Europea, que camina hacia el precipicio al haber dado la espalda a la idea original de su fundación. Que no era otra que conservar las raíces de un cultura que con sus inevitables diferencias había marcado Europa.

Crear problemas parecer ser hoy la solución mágica. Seguimos hablando de fútbol, “pan i circus”, como debe ser. Pero ahora le hemos añadido además unas gotas ácidas de mala leche permanente. Que hace que vivamos preocupados por algo de lo que todos somos responsables. En especial los dos grandes partidos PP y PSOE, además de los comodines nacionalistas que han utilizado sus votos para medrar en su propio beneficio.

Originar conflictos puede ser la espita que detone en un fenómeno espantoso de un nuevo enfrentamiento. Llevará su tiempo pero como no hay voluntad de corregirlo. “Roma locuta est, causa finita”. Y ese parece ser el camino por el que seguimos despeñandonos. Pero siempre hay esperanza, bastaría con reformar la fórmula de votaciones, abrir las listas hacia personas que proponen soluciones y no son meros arlequines del partido puestos a dedo.

Hay por tanto todavía mucha esperanza de que esta eclosión de calamidades termine en algo positivo. Se necesita voluntad y coraje entre quienes han sido revestidos de la autoridad que otorga la ciudadanía. Bastaría con liberar el voto en cada partido sobre temas que no tienen que ver para nada con la ideología. Me refiero a que el consenso autonómico pueda debatirse con libertad, sin ataduras desde la dirección del partido.

De la misma manera que la educación o la sanidad deberían estar abiertas a una voz libre del yugo de la política de siglas. Son pequeños pasos y grandes cambios. Que desde luego mejorarían la situación de manera radical. Yo confío en la labor de esas cabezas bien amuebladas que todavía siguen en la lidia. Y mientras tanto seguiremos rogando por España y sus gobernantes. Como no puede ser de otro modo.

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