La clase de religión y la izquierda cerril

Los titulares dan risa o ganas de llorar.Porque todos sabemos que quienes se prestan a descalificar la religión en las aulas lo hacen de la peor de las maneras. Confunden catequesis y religión, cuando ambas van completamente separadas. Lo han estado siempre, incluso en época del nacionalcatolicismo, donde una servidora supo de otros credos en la clase de religión. Conoció quién era Confucio y Mahoma, cuáles eran las características de las principales corrientes religiosas del mundo. Eso no es religión, es sencillamente cultura religiosa, algo imprescindible para entender el pasado y el presente.

Lo que no se termina de entender es que gente con títulos de teología o con cátedras de religión se sitúen contra algo que es un derecho fundamental de los padres. Los creyentes deseamos que nuestros hijos conozcan la historia de Moisés, sepan quién fue Abraham, entiendan la parábola del hijo pródigo y además comprendan algo tan elemental como el Sacramento de la Eucaristía. Toda esa cultura religiosa es un derecho opcional, como marca la Constitución española. Y cuando hay una asignatura es tan importante evaluar dónde nacen determinados ríos que conocer la historia de José y sus hermanos. De la misma manera si hay una asignatura optativa referida a valores sociales, deberá evaluarse para dignificar su contenido.

Si midiéramos por el mismo rasero la importancia de unas asignaturas y otras, caeríamos en el sinsentido de no evaluar dibujo, porque a alguien le parece menos importante que matemáticas. Sin embargo el hecho artístico se mide con igual importancia en su expresión plástica como musical. Y nadie discute si está bien dentro o fuera del currículum. La comunidad pedagógica considera positivo que se enseñen diferentes artes plásticas y se conozcan diversos autores musicales, además de interpretar el lenguaje musical en su expresión más básica.

Pues bien, algunos caen en el absurdo de considerar que la religión no debe ser evaluable. Como si conocer el origen de Semana Santa o Navidad, tuviera menos importancia que distinguir el arte románico del gótico. Y lo añado para subrayar que tanto en periodo artístico como en otro, su arquitectura se caracterizó especialmente en la construcción de las catedrales. De la misma manera las principales pinacotecas guardan obras religiosas que representan escenas bíblicas básicas. Difícilmente las podrá interpretar quien desconozca su significado. Es obvio que los valores religiosos irradian en todos los ámbitos de la sociedad. Pero en la escuela no se estudia moral, ni catequesis, ni se adoctrina, como algunos quieren hacer creer.

Que algo tan elemental siga enervando a la mitad de la población española produce lástima, por la indigencia intelectual de quienes agitan soflamas laicistas, ignorando la pedagogía de otros países, en donde nadie discute lo elemental.

Algunos individuos adornan titulares tan rimbombantes como que decir avemarías va a ser tan importante como la biología. Mienten de manera descarada, agitan divisiones y no construyen puentes de entendimiento que beneficien a toda la sociedad. Es obvio que los réditos políticos de situarse frente a la Iglesia, sirven a la causa del enfrentamiento permanente por motivos que sin embargo son un derecho fundamental de los individuos. Defender la religión en la escuela es defender el pasado y el futuro, es proporcionar las líneas necesarias para entender conflictos sociales de todas las épocas. Desde Constantino hasta nuestros días la religión católica ha sido llave maestra en la sociedad. Que hoy no lo sea, no significa que no debamos conocer su origen y su fundamento. Por otra parte evaluar conocimientos no significa evaluar la fe de quien los profesa. Pero eso sería otro debate.

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¡Ven Espíritu Santo!

La Europa secularizada que da la espalda a su tradición cristiana impone el pensamiento único a través de leyes que no reconocen la voluntad de Dios. En España el partido socialista está dispuesto a revocar el Concordato con la Iglesia, en Asturias se impone la denominación de vacaciones de invierno y vacaciones de primavera, sustrayendo la Navidad y la Semana Santa del calendario, para consagrarlo al dios del consumismo.

Vivimos tiempos de pluralismo religioso y mezcolanzas étnicas que favorecen el laicismo más ramplón, con el sólo objetivo de dejar aparcado en la esfera de lo íntimo el proyecto religioso. Pero lo cierto es que la Europa que conocemos se hizo a partir de un proyecto común de pensamiento cristiano. Se crearon universidades al amparo de la Iglesia, que nunca tuvo miedo a la ciencia, que dispuso siempre de científicos en sus filas. Si repasamos los saberes alcanzados a lo largo de los siglos, encontraremos en aquella Europa cristiana, una pléyade de creyentes dispuestos a conciliar fe y razón.

Los tiempos en que se impone una visión laica de las fiestas religiosas, piden más oraciones de nuestra parte, porque la fe que no se incrusta en el pueblo, es una fe de catacumbas y minorías. Estamos por tanto en los albores de un totalitarismo laico que no tiene otro objetivo que el dominio de las estructuras del Estado, sin el alma de quienes las hacen posible. Estamos siendo despojados de los valores que han hecho fecundar la enseñanza pública, la sanidad pública y la misma sociedad del bienestar. Valores que hablan de la corresponsabilidad y del personalismo de cada creyente.

Una Europa laica que abandona su alma, está condenada a perecer más pronto o más tarde. Vemos claro que la religión del Estado sustituye la fe de los creyentes, en una suerte de paripé democrático que no deja de ser un totalitarismo de nuevo cuño. Condenados a la sociedad de los mercados que nos valoran, no por lo que somos sino por la capacidad productiva, se cierne sobre nuestros pueblos la sombra de un futuro tenebroso, donde nuestra vida está a merced del capricho, perdiendo la dignidad que todo hijo de Dios posee por el simple hecho de nacer.

Si los hombres de fe cristiana no somos capaces de vertebrar nuestras creencias a favor de los demás, sucumbiremos ante la avaricia de los mercados, y Europa se llenará de nuevos tipos de esclavitudes. Porque la ambición de consumir no es otra cosa que una esclavitud permanente. La fe que profesamos está muy lejos del consumismo, se basa en la economía del mercado, en mantener lo necesario y en repartir con equidad. La doctrina social de la Iglesia es una propuesta social de primer orden que se nos ofrece como alternativa a esta crisis de raíces profundas.

En este día de Pentecostés necesitamos con intensidad que el Espíritu nos llene de sus dones, para derramar sus frutos a nuestro alrededor. Y también para mostrar que la fe no es una losa sobre los hombros, sino un viento que empuja suavemente la nave de la vida, llenando de sentido y coherencia nuestros actos.

Las fuerzas del pecado quieren suprimir la religión de la esfera de lo público, como si hubiera una dicotomía entre lo público y lo privado. Cuando todos sabemos que aquello que profesamos de rodillas debe ser proclamado desde las azoteas. Querer dividir la sociedad con enfrentamientos propios del pasado, es no haber entendido nada de la historia del cristianismo. Contra vientos más recios lucharon nuestros predecesores, dispuestos incluso a regar el suelo con su sangre, siendo semilla de otros cristianos. No temamos en pronunciarnos abiertamente a favor de la fe, que da sentido a la vida y a la historia de la humanidad. Que el Señor de la vida nos siga iluminando en este peregrinar por la tierra, hasta el encuentro definitivo con el Padre.

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17 de Mayo el día de Internet


Celebramos hoy el día de Internet. Ese invento maravilloso o diabólico según como se quiera interpretar. Aunque es probable que sea ambas cosas a la vez. Un gran paso para el hombre y una nueva oportunidad para sacar lo peor que llevamos oculto. Eso mismo debe estar pensando el cura de Churra que ha revolucionado la red con un video donde supuestamente realizaba una felación.

La facilidad para subir imágenes o videos en Internet, junto con cantidad de recursos para retoque y edición de fotogramas, está dando más de un disgusto. Olvido Hormigós, concejala de Yebenes, consiguió hacer de un acto privado una exhibición pública. Aunque en su caso, el video fuera cierto, la realidad es que ella no puso en la red las imágenes. Para el párroco de Churra, en cambio, todo parece más complicado. El video no tiene calidad y además, algunos detectan manipulación, lo que confirmaría la inocencia del sacerdote y haría del tema un acto no solo reprobable sino delictivo.

Supongo que este delito tendrá que estar tipificado penalmente, pero nos sirve además para hacer hincapié en el código deontológico de todo amateur, la ética vuelve a ser noticia en los medios públicos. Una educación incrustada como el ADN en la piel, no permite actos deleznables que implican a un inocente, como los del cura de Churra. Es una indignidad que rebaja a sus autores a meros mercachifles, caso de ser probada la manipulación.

Para un educador no es difícil enseñar que citar las fuentes de información en un trabajo, debe quedar reflejado a pie de página, por cortesía, además de por honestidad. El anonimato en la red es un coladero de lo peor. Lo mismo sucede con las imágenes que utilizamos. No estoy ahora hablando exclusivamente del copyright, que tantos dolores de cabeza ocasionan a los creadores. Se trata de algo menos mercantil. El derecho a la propia imagen y al honor, en tiempos donde podemos recorrer el mundo a golpe de ratón, se convierte en una cuestión que es necesario legislar. Me temo que Internet es carne de engaños de todo tipo. Brilla con igual intensidad la excelencia que la porquería, todo depende de por dónde naveguemos.

Es por tanto necesario un código deontológico que nos permita desenvolvernos con criterios razonables. Porque hundir la fama del prójimo en un barrizal resulta demasiado fácil en estos tiempos que corren. No basta con probar que los hechos son una burda manipulación, hace falta además que todos aquellos que colaboraron en difundir la mentira, se presten con la misma intensidad a reparar el honor mancillado.

A mi juicio no poca culpa tenemos los consumidores pasivos que no ejercemos el derecho a replicar ante los medios. Cualquier medio público de comunicación debe mantener un lugar donde se pueda protestar por la zafiedad de una noticia o de un comentario. Si hubiera un sistema para valorar los contenidos no por audiencia sino por calidad, nos encontraríamos libres de muchos ejemplos nocivos, que influyen negativamente en la educación de tantos jóvenes de hoy.

Internet es un gran logro que favorece la trasmisión de la cultura y el saber, pero desgraciadamente podemos convertirlo en reality shows más a la altura del Gran Hermano que todo lo absorbe, para terminar convirtiendo en espectáculo degradante lo más noble del ser humano, insultando así nuestra inteligencia.

Limpiar la red de trolles y manipuladores es casi una obligación moral que debemos priorizar entra las muchas que se nos puedan ocurrir. Resulta espantoso el nivel de comentarios que a veces se encuentra una en la red. De manera que evitar la impunidad de ese tipo de gente es imperativo para que los más jóvenes no caigan en relativismo morales. No todo vale. Ni todo se puede consentir.

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La riqueza de la fe

Estamos celebrando el año de la FE y a un paso de Pentecostés, si tuviera que hacer una propuesta de fe a alguien, le diría que es como descubrir un nuevo mundo. La Fe tiene la virtud de transformar una vida anónima e insignificante en un proyecto vital de extraordinaria importancia. Entras a formar parte de un proceso que culmina en la plenitud, junto a todos los seres que han poblado este planeta. Somos únicos a los ojos de Dios, valiosos como criaturas hechas a su imagen y semejanza. Tener una religión que se ocupa de los más desfavorecidos, los más vulnerables, los menos dotados, los más débiles, es grandioso. Porque trastoca el orden que nosotros ponemos en este mundo. Donde la apariencia lo es todo.

Pero es que además promueve un orden social, donde todos nos ponemos al servicio unos de otros. Y nos enseña también a estar agradecidos por entrar a formar parte de la Creación. La fe en Jesucristo nos pone cada cosa en su sitio. Lo importante no son las riquezas que se apolillan, es posible que nos haga vivir en mejores condiciones, que nos faciliten la vida. Pero lo más maravilloso es que esas riquezas no son un fin en sí mismas. Nuestro objetivo no es acaparar los bienes de este mundo, sino crecer y madurar en el amor. El resto son medios que nos sirven en función de ese único fin.

La grandeza del amor de Dios es que nos enseña también a amar a los demás, nos pone en comunión unos con otros. Y de pronto nos damos cuenta de lo difícil que es amar como Dios. Amar gratuitamente, amar incluso a los enemigos. La fuerza del Espíritu Santo que viene desde arriba, es una gracia que nos permite fortalecernos para ese gran aprendizaje del amor.

“El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5.22-23).

Por eso se nos dice que pecamos contra el Espíritu Santo cuando desesperamos de la misericordia de Dios; cuando tenemos la presunción de que nos salvaremos sin ningún mérito; cuando tenemos envidia de los bienes espirituales del prójimo. Y por supuesto con la obstinación del pecado.

No es desde luego un camino de rosas, porque el mismo Jesucristo nos llamó a entrar por la puerta estrecha (Mateo 7, 13). Sabemos además que el enemigo acecha siempre para ponernos todo tipo de impedimentos. Pero tenemos la certeza de que con ayuda de la oración y sobre todo de la Eucaristía, alcanzaremos la victoria. Es una promesa del mismo Jesucristo, quien también fue tentado por el maligno. Las tentaciones de Jesús son muy significativas porque resumen también las que nosotros vamos a encontrar.

El deseo de poder, de figurar, de ser más que otros. La ambición por las riquezas que sacian todos nuestros apetitos; el deseo desordenado de tener a los demás a nuestro servicio. Todos esos caminos que recorremos cada uno de los seres humanos, vienen señalados en el Evangelio. Pero hay algo todavía más grandioso. Dios se hace uno de nosotros, se somete a todas las mismas tribulaciones, excepto la del pecado. Y nos muestra que la muerte no tiene la última palabra. Su triunfo no es de este mundo, es algo que lo trasciende, que va más allá de lo que podemos entender. Su Reino tiene otras coordenadas. Allí no hay llanto, ni penas, ni sufrimiento. El amor se realiza en plenitud. La bondad reluce en todo su esplendor. No se nos promete el saciar nuestros apetitos terrenales, no, lo suyo es más grandioso. Se nos promete gozar de la presencia del Amor, amando eternamente.

Mientras tanto nuestro objetivo, en este mundo, no es otro que presentar ese camino como proyecto de vida fecundo capaz de trasformar la humanidad. Y conseguir que otros se apasionen también en ese proyecto.

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“Un itinerario espiritual”

Una buena amiga me prestó la obra de Paul Lebeau sobre Etty Hillesum. “Un itinerario espiritual” que trata de los escritos de esta mujer singular en el periodo convulso de 1941-1943. Desde una vida cómoda y burguesa, cruzará el umbral a Auschwitz sin perder la dignidad, ni la esperanza. La recopilación de sus cartas nos permite seguir sus momentos de lucidez y también de tinieblas.

En tiempos también oscuros, llenos de sombras siniestras, conviene leer a gente que encontró el sentido de su vida, aún en situaciones terriblemente angustiosas. Me gusta pensar que estos zahoríes del espíritu son lámparas que brillan en la oscuridad de nuestra época.

La fe es un depósito que nos tiene que diferenciar de los demás en algo fundamental, la esperanza y la alegría. Lo decía el Papa Francisco, y lo repite esta mujer singular en sus escritos. Hay algo que hace especiales a estas personas de profundidad espiritual, que provienen de todo tipo de creencias. Etty Hillesum era judía, sin embargo cuando se lee su profunda mutación personal, encontramos frases preciosas y llenas de un misticismo cristiano:

“Dios no es el artesano del mundo. No lo ha fabricado como fabrica el relojero un reloj. No construye seres acabados. Al contrario, se retira para que surjan de sí mismos y por sí mismos los seres que Él suscita…Si Dios interviniera para evitar los tanteos, los desórdenes, las resistencias de la inercia, los maremotos, las epidemias, el mundo sería para Él como un objeto que se manipula. Nuestra imaginación, deslizándose hacia el infantilismo, vería en ello, sin duda, un amor más grande. Pero Dios no ama como nosotros quisiéramos que amara cuando proyectamos en Él nuestros sueños. De esa forma, sólo nos ahorraría el sufrimiento al precio de un paternalismo por el que dejaría de ser el Amor. Lo serio de Dios es el respeto y el sufrimiento. Ni al uno ni al otro podemos acercarnos, sino muy de lejos, apoyándonos en nuestra esperanza más elevada. A decir verdad, Dios nos respeta demasiado para evitarnos sufrir por arte de magia, y se respeta demasiado a Sí mismo para dispensarse a Sí mismo el sufrimiento por nuestro sufrimiento.

Es conveniente leer a este tipo de gente. Muchos de nosotros vivimos un cristianismo burgués, sin el plus de autenticidad que tienen ciertas personas que siempre están tras la búsqueda de El Absoluto. Las preguntas decisivas que nos haremos en los últimos momentos, si es que tenemos la suficiente lucidez para atisbar el final, seguramente irán en la línea de encontrar sentido a nuestra vida. De ser capaces de leer con la ortografía correcta los acontecimientos por los que nos hemos visto obligados a pasar. También será el momento del abandono, de saber que no podemos llevarnos nada de lo que hemos ido atesorando en la tierra. Pero sin duda lo mejor, lo encontraremos en las relaciones que hemos ido estableciendo entre nosotros. Los mejores momentos de cada vida, se miden en esos grados de comunión amorosa con otros. Están llenos de rostros y caras que no desaparecerán, porque ya forman parte de nosotros.

La esperanza cristiana además, nos predestina a la gloria futura, que no es poco. Si sabemos irnos con esa mirada, igual que otros que nos precedieron estaremos construyendo el Reino de Dios según su voluntad. A pesar de que en el fondo no atisbemos a comprender lo importantes que somos para Dios. Etty Hillesum sí alcanzó a comprenderlo.

“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica… Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…Mantendré en un futuro próximo muchísimas más conversaciones contigo y de esta manera impediré que huyas de mí. Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior“ (12 de julio de 1942)

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Titulares que sorprenden: “Llega la monja revolucionaria”

Nos encontramos de nuevo con la agitada vida de Sor Teresa Forcades que hoy se encuentra en Valencia dando una de sus conferencias en el paraninfo de la Universidad. En la emblemática calle de la Nave, edificio milenario y testigo de la formación de ilustres valencianos internacionales como Luis Vives.

Tras haber seguido su trayectoria mediática, desde la modestia al protagonismo acaparador de ciertos medios, a una se le caen las escamas de los ojos y se encuentra con una religiosa que apoya el aborto, la homosexualidad y la eutanasia, con matizaciones que no dejan de sorprender por lo inaudito.
El acto que organiza El Fòrum de Debats de la Universidad de Valencia será presentado
por el director general de Le monde Diplomatique y lleva como título “Haremos la revolución y luego la volveremos a hacer”. Un canto a lucha de abajo a arriba que viene promoviendo en Cataluña, pero que parece dispuesta a avalar en otros lugares.Considerada ya como icono de una determinada izquierda, sus conferencias abarcan siempre campos muy diversos. No deja de ser curioso que pase de su lucha contra los intereses de las farmacéuticas, a la teología feminista, para rubricar el perfil con ribetes independentistas. Discursos de los que los monjes benedictinos de Montserrat se desmarcan con un comunicado muy interesante.

Como siempre, resulta conveniente escuchar a sor Teresa que parece poseer saberes enciclopédicos al servicio de causas que no siempre se presentan a la mayor gloria de Dios. Es noticia puesta al servicio de la polémica. Quedan en lugar secundario sus cursos para aportar un crecimiento en la fe a las personas. Tal vez caiga en el error si afirmo que parece cada día más volcada en lo social que en lo espiritual.
Pero como el ser humano es un ser social y al mismo tiempo espiritual, supongo que de cuestionarle sus actividades, encontraría el modo de justificar las mismas con alguna cita erudita.

Yo les dejo con la imagen que han colgado los medios de comunicación más conservadores de la Comunidad Valenciana, donde una religiosa de clausura habla más de lo humano que de lo divino. No deja de chocar que la misma noticia se silencie en el periódico más progresista de la comunidad, mucho más afín al pensamiento de Le Monde Diplomatique. Pero como estamos en tiempos de cambios sociales, alguna explicación tendrá que Las Provincias recoja la noticia y El Levante la silencie.

Yo por lo pronto les informo. Con toda seguridad alguna mano amiga grabará la conferencia y pronto la tendremos en la red. En la página de las benedictinas de Montserrat sor Teresa tiene blog propio y trayectoria personal muy concreta.

Aquí dejo el enlace http://www.lasprovincias.es/videos/valencia/ciudad/2361373947001-entrevista-teresa-forcades.html

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Contruyamos esa nueva sociedad que el mundo está necesitando

Lo que en un principio fue corazonada, mera intuición, se va reflejando en otros artículos. Ya son muchos quienes afirman estar en un cambio de época. Nos encontramos en transición hacia un nuevo modelo social. Y hace falta que los católicos apostemos fuerte por una renovación. En principio constatamos que el capitalismo financiero ha llevado al colapso a la sociedad de bienestar. Y comprobamos que las grandes fortunas salen indemnes de las crisis gracias a esos paraísos fiscales que ningún gobierno parece dispuesto a suprimir.

Cada día aumentan más los rincones hacia donde se evade la riqueza. Y en tiempos de crisis y paro, siguen apareciendo jubilaciones blindadas de muchas cifras que son un bofetón al rostro de esos desplazados del sistema. La sociedad está enferma de corrupción y no parece que exista ninguna autoridad moral superior a la Iglesia para marcar un nuevo rumbo. La justicia al servicio de los poderosos muestra el rostro más inhumano de la ley.

Hay peligro de populismo barato, de demagogia, y sobran los avispados que hacen negocio hasta de la desgracia ajena. Tal vez podamos ofrecer un modelo de sociedad más justo y equitativo, si de una vez por todas se ponen limitaciones a los avariciosos. La riqueza no puede estar reñida con un reparto justo de los bienes. De manera que aquellos que intervienen en el progreso económico y social de su país, no pueden estar por encima de las leyes. No pueden usar sus conocimientos para evadir sus obligaciones. Es necesario un marco social donde se pongan límites a los sueldos desorbitados y a los sobres bajo mano, que compran voluntades.

Es necesaria la trasparencia fiscal y dejar de utilizar las leyes para que se pueda evadir la riqueza de un país. Si los gobiernos pudieran utilizar los recursos que han sido sustraídos por algunas fortunas hacia paraísos fiscales, parte de nuestra deuda sería saldada. Y hay algo más importante todavía. Los bienes no pueden pertenecer exclusivamente a una élite que dilapida el esfuerzo de miles de personas. Hay un comercio de lujo que es un despropósito. Hace falta una conciencia solidaria. Y hay algo elemental, nadie debiera poseer más que lo necesario. El consumismo mueve el capital pero crea una sociedad desigual. En donde algunos sueñan con poseer más, aún acosta de otros, para poder vivir dentro de un estatus determinado.

Los burgueses de hoy se han convertido en la aristocracia del pasado. Son esos lobbys que manejan las bolsas de todo el mundo, que especulan con el precio de los alimentos, que dictan medidas a los gobiernos para seguir manejando a la inmensa mayoría. La diferencia con el pasado, es que hoy podemos decir alto y claro que eso es inmoral. Que acaparar por encima de lo necesario es sustraer a otros lo mínimo para subsistir. De ahí que los católicos debamos explicar bien que nuestra sociedad consiste en la redistribución de los bienes entre toda la comunidad, para que estén al servicio del individuo. De manera que tenemos una responsabilidad social. Porque nuestro modelo de sociedad desdeña la riqueza como meta, nuestros intereses están en aquello que no se corroe ni pudre. Deseamos atesorar buenas obras que ayudan a vivir mejor a todas las personas.

Ese modelo redistribuye la riqueza, la pone al servicio del bien común. Huye del lujo, y la prepotencia, se preocupa de los más débiles. Porque hay algo elemental, nuestra salud, nuestra inteligencia, nuestra belleza, son dones de Dios. Ningún hermano nuestro está por debajo de nosotros, aunque sufra limitaciones psíquicas o sensoriales. Ser conscientes de ello, nos ha permitido a lo largo de generaciones preocuparnos por los menos dotados, ayudarles. Eso ha construido una sociedad más humana y justa.

Si ahora olvidamos los verdaderos valores del ser humano y caemos en la soberbia y el egoísmo, despreciando a quienes no parecer estar a la altura de las circunstancias, lo que en definitiva se está haciendo es construir una civilización insolidaria, un infierno en el mundo.

Miremos al futuro con optimismo, si sabemos impregnar a la sociedad los valores del Evangelio, no debemos temer nada. Estaremos en las mejores manos, seguiremos obrando de acuerdo a la voluntad de Dios. Ojalá aparezcan pronto esos líderes con visión de futuro y mirada evangélica, dispuestos a ponerse al servicio de la sociedad. Los estamos necesitando.

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