Elecciones: un voto católico secuestrado

El segundo análisis de las elecciones viene a decir lo mismo que en casos anteriores. No hay ninguna formación política que represente al 100% el voto católico. Tampoco desean los obispos un partido que les salpique con el sambenito del nacionalcatólicismo. Pero la realidad se impone en mantener unas formaciones que están muy lejos de los postulados de la Iglesia. Si acaso, podemos aproximarnos a quienes buscan una reparto más equitativo y justo de los bienes. Aquellos que trabajan por los servicios sociales para todos los ciudadanos. Aquellos que quieren derribar el muro de la corrupción y convertir la política en algo más respirable. Pero suelen ser los mismos que están inoculados por el virus del laicismo y de todo lo que huela a la Iglesia.

Pero si miramos las democracias bananeras en las que muchos se ven reflejados, queda claro que los movimientos radicales van a ir in crescendo por mor de los acontecimientos. No se puede hundir toda la clase media, ni convertir el trabajo en un programa de esclavitud sometido al arbitraje de las leyes. Pero esto, señores, es lo que viene pasando desde hace años. Y los grandes emporios españoles, viven de capitalizar sus bienes con mano esclava en otros países y de justificar las quiebras diciendo que los españoles les resultamos muy caros.

La realidad sin embargo, afirma que crecen las fortunas multimillonarias que manejan como títeres las naciones en lobbys financieros y políticos donde se deciden hasta cuantas guerras son necesarias para seguir manteniendo la industria armamentística. O incluso, como influir en la moral del país para hacer más maleables las personalidades, más sujetos pasivos dedicados al ocio vicioso y la pérdida del espíritu vigoroso que sabe hacer frente a las adversidades.

No son los partidos quienes han sacado de la miseria a las familias endeudadas por los señuelos de la banca. Han sido Cáritas y las asociaciones cívicas quienes se encargan de mantener una bolsa de pobreza que repercute en el bolsillo del ciudadano medio. No son las grandes fortunas las que reparten los bienes para crear mayor riqueza entre todos. Más bien, han sido éstas quienes juegan con los sindicatos condiciones laborales que ya son pura esclavitud.

Por eso creo que el Partido Popular se equivoca y va directo al precipicio y junto a él la segunda fuerza el PSOE se despeñará en el mismo barranco. Porque seguirán saliendo del arcón putrefacto aquello que nos ha llevado a esta situación y sólo la regeneración del sistema puede dar con la solución a los problemas. Pero esta regeneración, por desgracia, tiene visiones tan diferentes en las nuevas formaciones que a una le parece casi imposible que se pueda salir adelante con estos mimbres empeñados en la rigidez.

Cabe felicitar a quienes van a gobernar en mayoría, pero si se olvidan de toda la ciudadanía que no ha pasado por los urnas y que representa un caldo de cultivo imprevisible, puede que vuelvan a cometer los mismos errores de siempre. Negar el pan y la sal a quienes tienen derechos como ciudadanos aunque piensen de modo diferente.

En cualquier caso los católicos seguiremos rogando por los gobernantes para que sirvan al pueblo con justicia.

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Análisis electoral a la luz de la esperanza

España queda fragmentada y el bipartidismo va camino de desaparecer. Era lo esperado. Demasiados años de mentiras y corruptelas, de promesas incumplidas. Queda ahora la inexperiencia de los partidos emergentes, que si se quieren llevar el gato al agua romperan el esquema democrático. Es prometedor y al mismo tiempo asusta pensar que en vez de ponerse a gobernar vuelvan a tirarse los trastos a la cabeza sin ningún sentido de Estado.

La variación en toda España da que pensar y mucho. La generación del cambio ha llegado al relevo y la experiencia de quienes debieran ayudarles no sirve de gran cosa, dados sus antecedentes, y nunca mejor dicho.

No quiero entrar en comunidades que se van a romper como un puzzle y a radicalizar al estilo del Frente Popular. Es lo peor que podía suceder y se va a dar a no ser que el sentido común de esos mismos jóvenes afile los cuchillos para cortar donde hay que cortar, sin extremismos radicales que asusten a inversores y hundan más la economía.

Pero este es el nuevo panorama social al que debemos acostumbrarnos. Y ayudar donde podamos para que las fuerzas políticas gobiernen con estabilidad y sin rencores. El pueblo quería cambio, ya no podía soportar más las condiciones a las que la crisis económica de banqueros y políticos ha llevado al país.

Podemos soñar con mayor transparencia, con idealistas que no se dejan comprar, con verdaderos políticos que regeneran las instituciones. Podemos pensar que hoy tenemos un sueño donde hay esperanza y fuerza para salir adelante. Estaremos pendientes de aquí a las elecciones generales viendo con lupa qué hacen estos nuevos alevines de la política y cómo se mueven en las instituciones locales.

De todo ello tendremos la ruta a seguir para las elecciones generales. Donde ya el cambio sea completamente total y puede que muchos partidos históricos sucumban en el vacío del ostracismo ganado a pulso. Ahora viene la capacidad de diálogo y regeneración a prueba de fuego. Si no es posible en las Comunidades Autónomas tocadas por la nueva ola generacional, mal pintará el futuro. De ellos depende ahora, y de la generosidad de quienes deben retirarse con gallardía, dejando la puerta abierta y no agarrándose a la poltrona para seguir succionando de la teta del Estado.

Nos hemos levantado con otra España que veíamos venir. La han estado fabricando a pulso por ignorar al electorado y no tener coherencia política. Lo que hoy recibimos es la herencia de la Transición. Y se abre una puerta a una nueva fase. Que prevalezca el sentido común por encima de ideologías caducas y sueños quiméricos.

Sigue haciendo falta un partido nacionalista que no rompa España como se está dando en cierta región del país. Un partido que una y de orgullo de ser español, pese a las peculiaridades diferentes. Pero si lo que tenemos son más partidos locales que hacen de la diferencia su seña de identidad. Es seguro que la fragmentación del país llevará a la hecatombe. Y no será posible el diálogo, ni saldremos adelante sino que marcharemos pasito atrás, al pasado remoto. No cultivemos ese caldo pestilente. Y volquemos lo mejor de estos años para construir en positivo, aprendiendo de los errores.

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La fuerza del Espíritu Santo

Y llega el día donde se abren puertas y ventanas, donde el miedo desaparece de los corazones, donde Cristo sopla el Espíritu sobre sus discípulos y les promete no abandonarlos jamás.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
– Envía tu Espíritu, Señor, / y renueva la faz de la tierra.

Son invocaciones para este día de Pentecostés que rezamos todos los años. Es más, pedimos todos los días que venga el Espíritu, proclamamos que creemos en Él. Y a poco que pensemos observamos las obras del Espíritu en el mundo. Obras de paz y misericordia, obras de perdón y entrega a los demás. Vemos que el mundo está renovado que hay miles de voluntarios, incluso no creyentes, dispuestos a sacrificarse por el bien común.

El Espíritu nos acompaña, no cabe ninguna duda, está presente con su brisa suave, su fuego que hace arder los corazones, las palabras proféticas de tantos que están guiados por su voz. Sus obras que pasan desapercibidas a los ojos de los medios, pero que a poco que rasques se ven con toda la gracia de su fuerza.

Veo el Espíritu en un mundo cada vez más globalizado, cuando recuerdo que todo lo que se pregona por las azoteas se sabe en el mundo entero. Veo el Espíritu en la alegría de los niños y la confianza con la que viven al abrigo de sus padres.

Veo el Espíritu en las pateras que cruzan el estrecho y hacen un mundo plural donde ya no importa el color de la piel y donde estamos aprendiendo a vivir con credos diferentes. Y obligados a entendernos si no queremos destruirnos.

Sigo viendo el Espíritu en la fuerza de la naturaleza que nos muestra nuestra condición débil y mortal.

Y por todo ello afirmo que el cristiano es un hombre de esperanza que sabe que el triunfo final es nuestro, es el del Reinado de Dios, el de la paz y el amor. Y mientras, lo construimos con nuestras flaquezas haciendo cada día un pequeño gesto de humanidad.

Veo el Espíritu cuando el Papa denuncia la corrupción y el sistema capitalistas que deshumaniza la condición humana, que convierte a la persona en un mero número. Allí donde la fuerza del bien triunfa sigo viendo el Espíritu.

Y hoy lo invoco de nuevo en la secuencia de Pentecostés.

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
luz que penetra en las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento,
Riega el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

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Monseñor Romero: la soledad de un mártir

Las teorías conspirativas corren por la red. Hay videos que ponen los pelos como escarpias. Hay artículos que se empeñan en ofrecernos las profecías de Nostradamus y lo poco que le queda a este mundo antes del fin de los tiempos. He terminado por alejarme de este tipo de intoxicación. Pero cuando sucede en un medio serio ya es más difícil sustraerse. Se nos está vendiendo que ningún obispo español va acudir a la Beatificación de monseñor Romero, mártir en el Salvador, por denunciar las injusticias que se cometían en su pueblo. Le tocaron tiempos recios como diría la santa abulense. Un tiempo donde la política de la guerra fría había incursionado en América del Sur. No es mi labor corroborar si la Teología de la Liberación es un movimiento estratégico de la KGB de la antigua URSS. Pero puedo afirmar que monseñor Romero no tenía nada que ver con ella. Y sin embargo se quedó en la más absoluta soledad e incomprensión por parte del Vaticano. Vivió su propio Getsemaní y aceptó dar su sangre por los suyos.

Me parecería bochornoso que ningún obispo español asistiera a corroborar que las luchas políticas a veces envuelven a los hombre de fe que nada tienen que ver con ellas. Que están muy por encima de las estrategias de peones que algunos poderosos ponen sobre el tablero. Monseñor Romero es santo por aclamación de su pueblo que sintió en sus homilías que alguien se ocupaba de su defensa. Sería una vergüenza que la llamada madre patria olvidara este hecho tan fundamental.

Es cierto que América bullía en revueltas y revoluciones alentadas por países marxistas. Habían dos realidades diferentes y un medio camino que encontraron hombres como Romero y tantos misioneros sacrificados en las fauces de las dictaduras americanas. Fueron hombres si se quiere idealistas pero que querían lo mejor para su pueblo, del mismo modo que nosotros hoy apostamos por una regeneración social que termine con la corrupción y saque al país del atolladero donde nos encontramos.

Si la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Monseñor Romero derramó la suya al ofrecerla por su pueblo: “Si me matan resucitaré en el pueblo Salvadoreño”. Y a fe que lo ha hecho. Es un mártir por aclamación popular. Y tras él siguieron cayendo víctimas en las fauces de aquella guerra cruel. Recordemos a Ignacio Ellacurría y sus compañeros, también asesinados por intentar mediar en el conflicto.

No creo que esta sea una beatificación política. Más bien es la constatación de que muchos buenos hombres dieron su vida en unos tiempos convulsos donde estar con el pueblo era condenarse a morir. Como toda guerra hay inocentes y víctimas que estuvieron en el lugar y momento que no eran adecuados y ese fue su gran delito. Pero limpias como una patena, pueden ser elevadas a los altares por haber dado su sangre al optar por el Evangelio. Y esa es la razón fundamental que restituye a monseñor Romero su dignidad como persona acusada de sediciosa y asesinada cruelmente.

Es una ofensa para el Papa que la presencia española tan importante en tierra de América sea de bajo nivel. Deberemos creer en serio que se está haciendo política de un martirio de sangre. Que intentar recuperar un tiempo donde tantos dieron su vida por los demás, está ofendiendo a un determinado sector eclesial. Y esto es vergonzoso señores. Porque en ocasiones optar por unos u otros ya es hacer política por fuerza mayor.

No soy yo la más indicada para confirmarlo. Pero las cosas pintan mal si ciertamente no hay una buena representación española en la beatificación de monseñor Romero.

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Los teólogos también bendicen la homosexualidad

Es absurdo negarlo, hay muchísimos homosexuales en la Iglesia y los que salen del armario no son lo peor. Habría que admitir al menos su coherencia, dan la cara, reivindican un cambio en la moral sexual tradicional. Abominan de San Pablo y de su condena a los actos homosexuales. Elevan al centurión del evangelio que pide a Jesús la curación de su siervo, como ejemplo de homosexual. Y hacen encaje de bolillos con todo tipo de citas Evangélicas. A este paso Jesús, que vivió célibe será considerado el rey de los gay a poco que nos descuidemos.

¿Tan difícil es admitir que la vida célibe es posible y que el amor a Dios y a los demás, no tiene por qué estar condicionado por una pulsión sexual?. Dios nos quiere a todos felices, pero también nos advirtió que la puerta es estrecha y hay que pasar por ella. Yo no niego que existan impulsos homosexuales, pero sí que tengo la seguridad que se está haciendo campaña para considerar a la Iglesia como homófoba y que hay una agenda internacional de ingeniera social para destruir la moral cristiana.

Confiesa José Aguerri, ex franciscano, un amor homosexual que lleva recorrido dieciséis años y admite que la Iglesia va quedando atrás de su vida espiritual y personal. Esto en un teólogo tiene su importancia, porque fundamentan con la palabra que Dios bendice su amor. Y la confusión general es obvia. Si los sacerdotes no cumplen sus votos, si no viven la santidad que se espera de todos nosotros, ¿no estaremos construyendo un Dios a nuestra medida?. La psiquiatría forzada por el lobby gay eliminó como trastorno la homosexualidad. Pero la realidad, se empeña en mostrarnos en toda su perversión como derivan estos derechos homosexuales hacia zonas confusas. Desde los vientres de alquiler al intento de rebajar la ley de consentimiento sexual. Todo un aparato jurídico que está trabajando para reeducar a la sociedad en una perversa irrealidad.

No es lo mismo la unión de dos personas del mismo sexo, que un matrimonio. Y ante sus calamitosas necesidades personales, los niños tienen derechos fundamentales que deben ser defendidos. Derechos a un padre y una madre, por encima de cualquier otra boutade social. Hoy en día ya se convierte en peligroso manifestar estas opiniones en público. Hay que aprobar la homosexualidad. Y lo que la Iglesia admite es que hay atracciones homosexuales pero pueden ser superadas por el amor a Dios, junto con la oración y los sacramentos.

Psicólogos, psiquiatras, juristas. Quieren hacer de la pareja gay un modelo más que incluso debe estudiarse en la escuela. Pero lo mismos homosexuales no están de acuerdo entre ellos. No todos aprueban el matrimonio y muchos abominan de la paternidad subrogada de sus afines.

Dios ama a todos sin exclusión, pero también pide un plus de entrega y sacrificio personal. Y ahí está su Hijo que vino a redimir a la humanidad del pecado. Algo que estos nuevos teólogos han suprimido de sus palabras. No quieren admitir el pecado. No quieren admitir los actos intrínsecamente desordenados. No quieren admitir la castidad como fuente de vida que se entrega a los demás. Que se dona abiertamente. Y es que vivir la soledad es dura. Y desear ser amados por los demás es una necesidad que a veces puede llevar a a algunos a caer en manos equivocadas.

En su día dije Dios bendiga a los gay y la jurisprudencia proteja a los niños. Era una premonición de lo que iba a suceder en este último lustro. Ser bendecido es algo maravilloso, sentirse amado por Dios el gozo más grande del mundo. Por eso es algo que todo homosexual debe tener claro. Dios le ama, sólo que le pide una vida conforme a los mandamientos. Una exigencia extensible a todos los ciudadanos cristianos.

Pero en esta última teología homosexual, se juega la coherencia de vida de Jesús y sus discípulos. Y si estos señores siguen confundiendo la fe de los demás, serán también juzgados por el papel activo que han tenido en la propagación de una vida promiscua, mezclada con la afectividad.

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Sentirse bendecidos y saber bendecir por el padre D. José Vidal Talens

Uno de los ponentes que participará en la presentación de mi libro Al amanecer de la vida, el próximo 1 de junio, es el párroco de San Lázaro, Don José Vidal Talens, teólogo y profesor. Al que tengo la suerte de conocer y participar en sus retiros quincenales. Hoy que las cosas andan torcidas en medio mundo, nos hablaba el pasado domingo de sentirnos bendecidos y de saber bendecir a los demás, como un acto que nos abre a la apertura del amor a Dios. Os dejo con su meditación que no tiene desperdicio y que espero os aproveche en profundidad:

Seguimos con el librito de Henri J.M. Nouwen: Tú eres mi amado. La vida espiritual en un mundo secular, PPC editorial, Madrid 182012. Decíamos en los retiros pasados que nos cuesta creernos amados; encontramos resistencias para aceptar ser amadas o amados por Dios. Sostuvimos la importancia de sabernos profundamente amados, incuestionablemente amadas y amados, precisamente para poder acceder a amar a lo divino, es decir, desinteresadamente, centrados en el otro, conociendo el sufrimiento sin dejarnos caer en la angustia, volviendo una y otra vez a la confianza en Dios, en la vida y en la capacidad de mejora del ser humano; día a día. ¿Cómo llegar a poder decir con Jesús: “Esta es mi vida que se entrega por vosotros”? Se trata del Pan y el Vino com-partidos, el Cuerpo entregado y la Sangre derramada; o sea, la Vida entregada por amar. En una palabra, la persona entera, una y unificada, plena y lograda… Ésta es la que pasa por el proceso de ser: 1) persona escogida, 2) persona bendecida, 3) persona vulnerable como el pan roto o que se puede romper para ser compartido.

En el retiro anterior nos centramos en uno de los caminos que nos indica Nouwen para llegar a la convicción profunda de ser amados: aprender a gozar con ser persona escogida, elegida por Dios. Al final, os propuse un ejercicio. En un rato de oración, ante Dios, escuchar la palabra que te dirige Dios: “¿qué más podía hacer por ti que yo no haya hecho?” Al final, o le damos la razón de corazón y le damos las gracias, rendidamente, o bien, le pediremos tiempo para comprenderle.

Mientras tanto, hoy nos centramos en la “bendición”, en el ser bendecidos y en el bendecir, tema muy bíblico.
En el rito de paso de un niño al círculo de los adultos, en medio de una comunidad religiosa judía, recibió la bendición de sus padres que le dijeron: “Hijo, te pase lo que te pase en la vida, tengas éxito o no, llegues a ser importante o no, goces de salud o no, recuerda siempre cuánto te aman tu padre y tu madre”. De modo muy semejante nos llega la bendición del Padre Dios. De modo muy semejante deberíamos transmitir la bendición a nuestros hijos hasta el punto de sentirse bendecidos por tener unos padres así.

¿Qué es bendecir? Literalmente sería decir algo bueno sobre alguien. ¡Cuánta necesidad tenemos, niños, jóvenes, adultos…, de escuchar cosas buenas sobre nosotros! Pero en su pleno sentido, bendecir es derramar, participar, invocar, el Espíritu de Dios sobre alguien o algo; es convertirlo en algo sagrado, agraciado, valioso, enriquecido, único, afirmado y reforzado en sus capacidades, quedando con las pilas bien recargadas. Bendecir es desearle que sea él capaz de bien, de recibir bien y de hacer el bien. Es lo que pensamos cuando alguien ha sido bendecido, que como ha recibido tanto amor pueda dar a su vez mucho amor.

¿Qué nos pasa que no bendecimos? ¿Qué nos pasa que no recibimos las bendiciones que nos llegan? ¿Y podemos pensar en serio que no hemos sido bendecidos?

Nouwen cuenta que una, y luego otra, y otra, de las personas discapacitadas con las que convivía, le pidieron ser bendecidas, y que ese gesto le hizo recapacitar en que la bendición no podía ser algo trivial sino que debía ser algo muy importante, a impartir con todo su corazón. La bendición que él impartió era como la de un abrazo profundo, intenso y prolongado, de modo que el bendecido experimentara que era objeto de todo el amor que él podía recibir. En la bendición el creyente debía experimentar que le alcanzaba todo el amor de Dios, ni más ni menos.

No pasemos por alto el gesto del abrazar profundo a otra persona y del dejarse abrazar, o sea, el recibir el abrazo; pues vemos que no siempre se “recibe” el abrazo que le están dando a uno. Puede ser un abrazo falso o traicionero, pero eso pronto lo captamos y no nos crea problema, sólo nos da pena que la gente sea insincera o hipócrita y se atreva a dar un abrazo. Lo que me crea problema es que nos llegue un verdadero abrazo y nuestro corazón esté en otra cosa, o se nos haya endurecido hasta el punto de defendernos del amor, de no creer en el amor.

Pueden darse “bendiciones” con palabras, lo hacemos en la liturgia, y también sin palabras, que es lo más frecuente en la vida ordinaria. Imaginemos que recibimos un abrazo, o una mirada, o una sonrisa, o un apretón de manos… que fuera de bendición. Imaginemos que el gesto nos está diciendo:

“Janet, quiero que sepas que eres una hija amada por Dios. Eres preciosa a sus ojos. Tu maravillosa sonrisa, tu bondad con las personas y todas las cosas buenas que haces, me dicen lo maravillosa persona que eres. Sé que te sientes un poco deprimida estos días, o disgustada, o…, y que hay cierta tristeza en tu corazón; pero quiero que recuerdes quién eres: una persona muy especial, profundamente amada por Dios y por todas las personas que estamos contigo”.

“John, o Alicia, o…, es una suerte tenerte con nosotros. Tú eres el hijo/a amado/a de Dios. Tu presencia es un gozo para todos nosotros. Cuando las cosas se te pongan difíciles, y la vida te parezca una carga, recuerda siempre que eres amado/a con un amor eterno”.

Son palabras de Nouwen, podrían hacerlas nuestras para con otra persona. ¿Pero no os parece que somos muy parcos en palabras semejantes? ¿Por qué no nos sale decir palabras así? ¿No lo sentimos, no lo deseamos así para nadie? Si lo pensamos bien, sí que hay alguien, o más de uno y de dos, a los que quisiéramos hacer llegar este mensaje del corazón. No pasa tanto si no nos salen las palabras, ¿con nuestros gestos hacia el otro, no podríamos hacerle experimentar la bendición que pronunciamos sobre él?

Y viceversa. ¿De verdad que no nos alcanza ninguna bendición ni de palabra ni con gestos? Si es así, no es tan grave porque quizá sólo es que no las percibimos; pero entonces deberíamos pedir una bendición a quien nos lo pueda entender porque nos ama.

Es importante que aprendamos a identificar lo que es una bendición. Siempre puedes contar con Dios; y no habría que salir corriendo al final de la misa cuando nos alcanza la bendición ritual. Quizá también se la puedas pedir a algún sacerdote o persona que pueda comprender lo que necesitas. Más arriesgado es pedir dicha bendición, con palabras o sin ellas, a una persona de la que puedes esperarla, pero que no está leyendo en tu corazón. Amigos, parejas, compañeros, hijos, padres, personas con las que empatizamos…, deberíamos comprender que a veces se nos está pidiendo una bendición, y que en ese momento se nos pide que seamos cauces del amor compasivo de Dios para con dicha persona, pero cauces expresivos. No vale el ya sabes que te quiero, aun siendo así y no pasando por una crisis en la relación. Hay que saber que nuestro cariño seguro no basta a veces; hay que invocar al Espíritu, hay que invocar el amor de Dios sobre esa persona y disponerse a hacérselo llegar. Por eso hablamos de bendecir, un acto de amor humano y divino, un acto de hombres y mujeres de fe, creyentes.

Lo hacían, y lo pueden hacer aún, los padres cuando despedían a los hijos que marchaban. Lo han hecho, y lo podemos hacer, las parejas o amigos cuando nos despedimos o cuando nos recibimos en el encuentro. Lo podemos hacer con tantas y tantas personas. Pero no banalicemos la palabra bendecir. Para ello debemos ser conscientes de que deseamos bendecir e invocamos a Dios sobre el otro. Esto significa un compromiso fraterno con el otro, un vivir por el otro, en favor del otro.

Abrahán, Sara, Isaac, Rebeca, Jacob, Lea, Raquel y otros, experimentaron la bendición de Dios. Jesús mismo, después de hacerse bautizar por Juan el Bautista, escuchó y recibió la bendición del Padre: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Y si en Abrahán fuimos bendecidas todas las generaciones de creyentes, más aún en Jesús, el Hijo de Dios, fuimos bendecidos los hombres y mujeres creados a imagen del Hijo. En Jesús, el Padre contemplaba a cada uno de nosotros e iba pronunciando: “Tú eres mi hijo amado, amada…”. En Él ya fuimos bendecidos.

Luego Jesús, a su vez, no dejó de bendecir a Dios y a los hombres y mujeres, y hasta los niños. “Bendito seas Padre del Cielo porque has revelado los misterios de tu amor a los pequeños”. “Bendita tú que has creído”. “Benditos vosotros los pobres, los que lloráis, los que sentís hambre y sed de justicia…”. “Tu fe te ha curado, ve en paz”. “No temáis, Soy Yo”. “Bienaventurados los que han de creer aun sin haber visto”.

Sabernos siempre bendecidos, renovar día a día la bendición, puede ayudarnos a llevar mejor cada día y los cambios de humor o de ánimo que nos sacuden. “Cuando somos zarandeados por las pequeñas o grandes olas que se dan en la superficie de nuestra existencia, nos convertimos en víctimas fáciles del mundo y de sus manipulaciones al servicio de otros intereses. Pero si continuamos oyendo la voz suave y honda que nos bendice, o recibiendo el abrazo que nos bendice sin palabras, podemos avanzar por la vida con un sentido estable de paz interior, y desaparece la necesidad de salvarnos a toda costa, a costa de los otros. Porque estamos siendo afirmados y sostenidos por otros, por el Otro. Asentamos bien en la roca firme de la bendición eterna de Dios.

¿Es posible que en muchos momentos de nuestra vida nos hayamos sentido más desgraciados que bendecidos? Pues sí que es posible. ¿Es posible que alguien haya llegado a maldecirse por haber nacido, por haberse casado o por no haberse casado, por haber escogido una profesión, por haber perdido un trabajo, por haberse puesto todo en nuestra contra, por haber fracasado? Es posible. Dios lo tuvo que escuchar ya de Job y de otros muchos.
A veces no es algo nuestro lo que nos hace desgraciados, sino todo lo que contemplamos en nuestro ancho mundo. Si seguimos los noticiarios (y no podemos aislarnos), nos costará ver la bendición de Dios, si no vamos más allá de la noticia y nos situamos en el mirar de Dios a nuestro mundo que es amar; si no vamos más allá de las muertes y violencias, y levantamos la mirada a los cielos para contemplar cómo recibe el Padre y el Hijo a cada uno de los que mueren con el abrazo cálido de su Espíritu Santo

A veces puede que algunas personas, por todo lo que han vivido y padecidos, escuchan voces internas que les llaman malos/as, inútiles, sin valor alguno, abocados ya a la muerte, o también algunos por sus culpas se sienten corrompidos o hundidos por tanta acusación; ¿ya no será posible la sanación, la curación, la salvación de dichos sentimientos destructores? La protesta no permite contemplar la bendición.

Pero, al final, después del grito de rebeldía, por justificado que esté, habrá que reconducir los sentimientos para ver que no se ha borrado la bendición sobre nosotros. Nouwen propone dos vías de recuperación de la bendición: la oración en silencio y el vivir la presencia.

La oración. Él pide una media horita al día para escuchar la voz del amor. No tenemos ese tiempo, no lo hacemos, y así nos va, quejándonos sin parar por una cosa y la otra. Para quien le asuste el silencio y para quien le cuesta llegar al silencio interior nos pide un tiempito, comenzando con algunas palabras de un salmo o de una petición que se repitan pausadamente, al ritmo de la respiración también pausada: Tú eres Señor mi amor y mi esperanza. O bien: Señor, Jesús, Hijo de David, Hijo de Dios, ten compasión de mí, pobre y pecador. O también: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz… O: Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre…

La presencia. Cuidar de la presencia de Dios. Él no puede estar faltando en nuestro día a día. Atendamos a su presencia, atendamos a las bendiciones que nos llegan día a día, o en cada tiempo litúrgico, cada fiesta; en cada encuentro, cada abrazo, cada sincera caricia… Cuando alguien dice cosas buenas de nosotros hemos de recibirlo con humildad y gratitud. La falsa humildad es pensar o decir que no valgo nada. Imposible. Hablar de la presencia es también hablar de personas que no están “presentes”. Lo que les llega de bueno ya lo daban por descontado y ya están pensando enseguida en lo que ha de venir, en lo que debía acontecer, en lo que deben hacer; o también, sospechan que detrás de lo bueno que les llega debe haber algo no tan bueno… Vivir el presente con atención puede permitirnos ver cuántas bendiciones están esperándonos para recibirlas.

Bendecir a Dios. Os añadiría un tercer ejercicio para aprender a ser personas bendecidas: Se trata de bendecir a Dios con cánticos e himnos inspirados. Por ejemplo, con el cántico de los tres jóvenes de Daniel: “Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres…” (Dn 3, 51, ss.); con el cántico de María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…” (Lc 1, 46, ss.); con el cántico de Zacarías: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo…” (Lc 1, 56 ss.); con la acción de gracias de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños…” (Mt 11, 25 ss.); con la Carta a los Efesios: “Bendito sea Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos…” (Ef 1, 3 ss.). Siempre que en la Palabra de Dios se bendice a Dios pronto o tarde veréis que se añade el por qué, porque a su vez Él nos ha bendecido con toda clase de bendiciones. Luego, la Iglesia no ha cesado de componer himnos de bendición a Dios: el Te Deum; las Bendiciones ante el Santísimo Sacramento… Francisco de Asís compuso el bello Cántico a las Criaturas, donde va repitiendo por cada una de las criaturas “Loado seas mi Señor”. No olvidemos que la Eucaristía es la Bendición o Acción de Gracias por excelencia, porque la hace Jesús resucitado con nosotros.

Bendecir al hermano. Un cuarto ejercicio es practicar la bendición mental o vocalmente con nuestro prójimo y más aún con aquél con el que tropezamos. La señal de los bendecidos es que a donde quiera que vayan y con quien quiera que se encuentren, siempre les salen palabras o gestos de bendición. Sí; nos será más fácil decir cosas buenas de los demás cuando nos sepamos y nos creamos bendecidos. El bendecido siempre bendice. No olvidemos que nadie es convocado a la vida mediante maldiciones, chismes, acusaciones o inculpaciones, y hay tanto de esto en nuestras relaciones… Así pues, bendigamos también nosotros.

La bendición más sencilla viene de antiguo, del libro de Números y la hizo suya San Francisco de Asís: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Núm 6, 24-26). Jesús bendijo a los niños y mayores: “Bienaventurados vosotros los pobres…” (Mt 5, 3 ss.). Diríamos que hay algo esencial y común a Jesús, a Francisco de Asís y a Clara de Asís, bendecir al Padre y bendecir a los hermanos. Es disponernos como cristianos a vivir la vida que hemos elegido o la que nos toca vivir, y en concreto sufrir o gozar siempre “bendiciendo, alabando y dando gracias” a Dios sin cesar; y, a la vez, invocando la bendición de Dios y todas las bendiciones de sus santos, en el cielo y en la tierra, sobre el hermano o la hermana, sobre el ser humano en concreto, que se cruzó en el camino de nuestra vida o hacia el que salimos al encuentro. Nos quedamos con la bendición de Clara dirigida a sus hermanas:

“En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El Señor os bendiga y os guarde, os muestre su rostro y tenga misericordia de vosotras; vuelva su mirada y os conceda la paz, a vosotras, hermanas e hijas mías, y a todas las que han de venir a nuestra comunidad […] Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, cuanto puedo y más de lo que puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas en el cielo y en la tierra”.

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Teresa Forcades deja los hábitos provisionalmente para ser candidata independista

Cuando alguien hace una opción de vida religiosa, tendría que tener la cosas claras siempre. Pero es obvio que la realidad no es ésta. Y si no lo creen solo tienen que pensar en la monja benedictina Teresa Forcades que está contemplando la opción de dejar los hábitos por unos o dos años, con objeto de implicarse en la política separatistas que defiende su plataforma Procés Constituient. Una grupúsculo con ideas muy próximas a Podemos y Ada Colau.

La hermana Forcades va desmarcándose de su vida contemplativa para implicarse de lleno en la vida activa, con un paréntesis, nos dice que le permita ser candidata el 27de Septiembre.

Bien, no creo que estas propuestas las apoye la Iglesia, aunque los periodos de reflexión dentro de las comunidades monásticas son moneda común. Sin embargo, me temo que el salto al vacío de Teresa Forcades es ya una aventura sin retorno. O tal vez como San Pablo caiga del caballo y reconsidere su profesión, sus votos, y su opción de vida. Pero que sea antes de haber sido rota por la vorágine de la política y sus demoledores sistemas de comportamiento.

Creo que como candidata es muy válida. Y pienso que como monja mediática ha sido muy influida por una cohorte subyugadora que la han ido llevando de plató en plató televisivo, hasta destapar sus más íntimas contradicciones con la profesión religiosa. Hoy parece más próxima a convertirse en un juguete roto en manos de su ambición personal. Aunque ésta no deje de estar al servicio de los demás.

Alabo la decisión, que me parece mucho más coherente que ir haciéndose fotos con su hábito con todos los candidatos de Procés Constituient. Si acaso, me apena perder una voz que fue poco a poco escorándose cada día más hacia opciones que están muy alejadas de la doctrina oficial de la Iglesia.

Una voz reivindicativa que ha tocado ya todos los palos Y por último parece que va a saltar al ruedo político. Terreno de laicos comprometidos, no de religiosos exclaustrados provisionalmente.

Un escándalo sin precedentes que hace mucho ruido en Cataluña y cubrirá de estupor el resto de España. No les puedo traducir el enlace desde donde ha saltado la noticia. Pero creo que los titulares son claramente identificables en su contenido.

Todos estamos llamados a participar de la vida púbica, unos tienen más vocación que otros. Para Teresa Forcades, la vida pública ha sido una llamada permanente incluso desde el claustro benedictino. Yo al menos le deseo suerte para que no de un patinazo equivocado. Sigo deseando lo mejor para ella como persona, aunque critique sus posturas desde una cordial discrepancia.

Aunque he de coincidir en ella que me gustaría ver la regeneración social de mi país. Y espero que ésta se produzca por el bien de nuestra nación.

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Conscurso concursantes y audiencia: fenómeno sociológico

Deberían de hacer un estudio sociológico sobre la chabacanería y lo perjudicial que son determinados programas televisivos. Dispuestos a subir audiencia insultando a sus concursantes, haciéndoles pasar malos momentos, revolcándolos en el fango de la mentira y la calumnia. Son programas perniciosos que crean un caldo de cultivo social peligroso. Si ese es el patrón que se quiere vender para la sociedad, estamos creando un monstruo que como Saturno devorará a sus hijos.

Salvo algunos concursos de lujo, culturales y educados. El resto se mueve entre lo abyecto y lo peor. Sin contar que todo está amañado para mantener a la audiencia pegada a la pantalla. Pero qué tipo de audiencia es capaz de aguantar cómo se insultan a voz en grito dos personas. Cómo los presentadores se trasmutan de periodistas en acróbatas de la estulticia. Programas diseñados para crear adiciones perniciosas. Lejos están aquel Un dos tres, que divertía a la familia y mejoraba las condiciones económicas de sus concursantes.

Hoy es necesario usar gafas de filtro para evitar ser contaminados por lo chabacano que desgraciadamente se introduce en nuestra casa y nos da los modelos sociales a seguir. Atacar sin piedad, destruir al contrincante, hacer uso de la mentira y a calumnia. Todo ello perjudica gravemente la salud moral de la sociedad.

La televisión es un potentemente medio de domesticación social. Como el pan y circus de la antigua Roma hoy nos mantiene alejados de la realidad para enfangarnos en una sociedad falta de valores y ética, que perjudica gravemente las generaciones más jóvenes, aquellas que tienen en sus manos el futuro de nuestra sociedad.

Si enseñamos a poner zancadillas, a ser solidarios sólo por quedar bien, a mentir, a fomentar la envidia y las bajas pasiones. No esperemos ninguna regeneración social en estos comicios que se avecinan. Los partidos son hijos de la sociedad y la reflejan con todas sus carencias o virtudes.

De manera que tenemos delante una gran responsabilidad para desconectar de esos programas de ingeniería social, diseñados con premeditación para sacar lo peor del ser humano. Valoremos aquellos que nos hacen crecer en cultura y educación. Que saben debatir con educación. Que dejan las palabras coloquiales y malsonantes en sus hogares y respetan la audiencia.

Ahora que estamos en plena campaña volvemos a ver ese mismo modus operandi entre las formaciones políticas enfrentadas en un y tú más, que sólo lleva al hartazgo del personal. O vendiendo humo a sabiendas que nunca cumplirán lo que prometen.

Es hora de modificar la ley electoral, de recortar privilegios a quienes debieran representar la voluntad de la ciudadanía y se han dedicado a esquilmar las arcas del Estado con componendas y contubernios vergonzosos.

Vuelvo a insistir en que no se puede tener actores como representantes de la ciudadanía. Necesitamos políticos en el noble sentido del servicio a la polis. Gente que tenga vocación de servicio, no intereses particulares para calentar un escaño y vivir del cuento.

Han sido ellos quienes han decepcionado al ciudadanos con sus corrupciones y trapicheos. Y no olvidemos que también son ellos quienes diseñan los programas televisivos que debemos ver. Programas que se repiten en otras zonas geográficas como si hubiera un plan preestablecido para volver cada días más orweliana esta sociedad.

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Eduardo Verástegui: 13 años de castidad

Cuando un actor confiesa que vive 13 años en castidad. A una le resulta difícil de creer, sabiendo que el mundo del espectáculo es hedonista y promiscuo por naturaleza. Pero cuando una sabe que José Eduardo Verástegui lleva una disciplina espiritual para mantener la castidad, entonces reconoce que el actor vive lo que la Iglesia pide a sus fieles, que busquen la santidad, en el matrimonio, en la soltería, en la viudedad. Y que eso no se puede realizar sin un plus de espiritualidad, de compromiso y de fidelidad a Dios.

Qué lejos están estas declaraciones de quienes van rebajando el listón de la santidad, para no dejar de ser como los demás. Para no parecer seres extraños y raros. Para olvidarse que el sexo es una pulsión, un deseo que tiene como finalidad la entrega y la donación de sí mismo al otro, el ágape en el que se puede decir te he sido fiel hasta que te encontré. Y voy a seguir siendo fiel con tu ayuda y la de Dios, que nos ha unido en este sacramento.

Vivir la castidad es un don que se trabaja con esfuerzo y oración y que no traumatiza a nadie, salvo que se quiera ser uno más del montón. Tampoco hace más infeliz, al contrario. Consumir pornografía, estimular el pensamiento con escenas subidas de tono, altera emocionalmente a quien lo padece, dejándose llevar por su instinto más básico.

Decir esto en un mundo paganizado que no cree en Dios y tampoco está dispuesto a ningún sacrificio personal, nos lleva a la hiper sexualización que convierte a los jóvenes en víctimas de una sociedad que ha hecho promiscuos a sus hijos. Pero no más felices, ni más realizados. Por tener una conquista de fin de semana.

Todos sabemos que el sexo es un don que está predispuesto para la unión de dos personas en plenitud. Dejarlo como una mera descarga de adrenalina que nos hace pasar el rato sin más, lleva a pensar en esas escenas de violencia que sufren miles de mujeres, utilizadas como objetos.

Y me parece muy valiente por parte del actor que ni siquiera haga uso de la masturbación como vía de escape de sus impulsos naturales, que como todo ser humano debe tener.

Yo sólo les pongo el video del actor para dar a conocer su cruzada particular por llevar en su Productora obras de carácter cristiano y, por llevar como actor y ser humano una vida cristiana dentro de los principios del catolicismo.

HAY QUE ENTRAR EN CONFIGURACIÓN Y PONER SUBTÍTULOS PORQUE NO SE OYE, COSAS DE INTERNET

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Ntra. Sra. de Fátima: oración por los sacerdotes

Hoy en la celebración de Ntra. Sra. de Fátima, roguemos por todos los sacerdotes. Yo solo puedo copiar una oración de Michel Quoist “Oraciones para rezar por la calle”. En ella, el sacerdote hace su oración un domingo por la tarde. Y os presento un video que refleja esa crisis existencial que todo sacerdote sufre en algún momento de su vida.

Esta tarde, Señor, estoy solo
Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado,
los fieles se han ido
y yo he vuelto a casa,
solo.
Me crucé con una pareja que volvía de su paseo, pasé ante el cine que vomitaba su ración de gente,
bordeé las terrazas de los cafés, donde los paseantes cansados intentaban estirar la felicidad del domingo festivo,
me tropecé con los pequeños que jugaban en la acera,
los niños,Señor,
los niños de los otros, que jamás serán míos.
Y heme aquí, Señor,
solo.
El silencio es amargo, la soledad me aplasta…
Señor, tengo 35 años,
un cuerpo hecho como los demás cuerpos,
unos brazos jóvenes para el t4abajo,
un corazón destinado al amor.
Pero yo te lo he dado todo
porque en verdad que a Ti te hacía falta.
Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil.
Es duro dar su cuerpo: él querría entregarse a los otros.
Es duro amar a todos sin reservarse nadie,
es duro estrechar una mano sin querer retenerla,
es duro hacer nacer un cariño tan sólo para dártelo,
es duro no ser nada para sí mismo por serlo todo para ellos,
es duro ser como los otros,, estar entre los otros,
y se otro,
es duro dar siempre sin esperar la paga,
es duro ir delante de los demás sin que nadie vaya jamás delante de uno,
es duro sufrir los pecados ajenos sin poder rehusar el recibirlos y llevarlos a cuestas.
Es duro recibir secretos sin poder compartirlos
es duro arrastrar a los demás y no poder jamás,
ni por un instante, dejarse arrastrar un poco,
es duro sostener a los débiles in poder apoyarse
uno mismo sobre otro,
es duro estar solo,
solo ante todos,
solo ante el mundo,
solo ante el sufrimiento,
la muerte,
el pecado.

Hijo mío, no estas solo:
Yo estoy contigo
Yo soy tú,
pues Yo necesitaba una humanidad de recambio para continuar mi Encarnación y mi Redención,
Desde la eternidad te elegí:
te necesito
Necesito tus manos para seguir bendiciendo,
necesito tus labios para seguir hablando,
necesito tu cuerpo para seguir sufriendo,,
necesito tu corazón para seguir amando,
te necesito para seguir amando: continúa conmigo, hijo.

Heme aquí,Señor.
He aquí mi cuerpo,
he aquí mi corazón,
he aquí mi alma.
Dame el ser lo bastante grande para abarcar el mundo,
lo bastante duro para poder abrazarlos sin intentar guardármelo.
Concédeme el ser tierra de encuentro, pero sólo tierra de paso,
camino que no conduzca a sí mismo, sin adornos humanos, sino que lleve a Ti.
Señor, en esta tarde, mientras todo se calla y mi corazón siente la amarga mordedura de la soledad,
mientras mi cuerpo aúlla largamente su hambre oscura,
mientras lo hombres me devoran el alma y me
siento impotente para hartarlos,
mientras en mis espaldas pesa el mundo entero,
con toda su carga de miseria y pecado,
yo te vuelvo a decir mi sí, no en una explosión de entusiasmo, sino lenta, lúcida, humildemente,
sólo Señor, ante Ti
en la paz de la tarde.

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